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jueves, 15 de octubre de 2026

Ceuta en jaque, el Gobierno pide tablas

 



Luis Seco de Lucena

14/10/20216


Artículo de opinión

En una partida de ajedrez, el adversario que adelanta una torre sobre nuestras casillas está haciendo algo bastante distinto a un saludo. Y cuando esa torre lleva bandera marroquí y navega por aguas españolas, conviene abandonar las sonrisas ceremoniales. Sánchez ha confirmado la entrada sin autorización de buques de la armada de Marruecos en aguas de Ceuta durante la crisis de julio. La soberanía tiene límites geográficos; la paciencia también debería tenerlos.

Quien dudaba de la gravedad de lo sucedido tiene ahora motivos adicionales para exigir explicaciones. Hay una dimensión militar que impide despachar aquellos días como un simple desbordamiento fronterizo. Es difícil creer, que las incursiones navales y las entradas de migrantes no formaran parte de una operación coordinada: es necesario requerir al gobierno una explicación clara y no guardar las preguntas en un cajón y sentarse encima.

Llamarlo invasión expresa aquí un juicio político sobre la vulneración de nuestra soberanía. El tablero importa, pero importan más quienes viven sobre él. Sus habitantes merecen saber cuándo ese mar se convierte en escenario de una presión militar extranjera. Ningún ciudadano debería descubrir semejante episodio ocurrido hace más de setenta días por una información filtrada a un medio.

La Armada respondió desplegando medios navales, y las incursiones cesaron después de esa presencia y de las gestiones de Defensa. Hubo, por tanto, una reacción española que debe reconocerse. Lo inquietante es la información que faltó durante semanas. ¿Por qué conocimos tan tarde un episodio de semejante importancia? ¿Quién decidió mantenerlo fuera del debate público? Y, si esto quedó sin contar, ¿qué otras decisiones desconocemos?

La reserva operativa puede proteger a nuestros militares; prolongar el silencio exige otra justificación. Un Gobierno democrático debe explicar dónde termina la prudencia y dónde empieza la conveniencia política. Porque esconder una pieza no elimina la amenaza: únicamente deja al ciudadano mirando un tablero incompleto, mientras alguien le asegura que la partida marcha estupendamente.

Además, Sánchez ha defendido la cooperación marroquí durante la crisis. Cabe cooperar con un vecino y exigirle responsabilidades. Lo difícil de aceptar es que los elogios ocupen todo el discurso mientras las incursiones reciben explicaciones escasas. Quien cruza nuestros límites debe encontrar una respuesta proporcional, firme y comprensible. La diplomacia pierde autoridad cuando parece agradecer al adversario que retire la torre de la casilla que nunca debió ocupar.

Defender nuestras fronteras exige medios, serenidad y voluntad. También exige decirle claramente a Rabat que la buena vecindad implica respetar la casa ajena. España debe sostener esa posición sin bravatas, con una presencia creíble y una palabra que valga. Nuestros militares necesitan respaldo; los ceutíes, certezas; los españoles, explicaciones. Nadie pide jugar alegremente con el peligro. Pedimos que quien gobierna sepa reconocerlo y afronte su responsabilidad.

En ajedrez, ofrecer tablas puede ser sensato. Ofrecerlas siempre, después de cada avance del contrario, acaba enseñándole que puede seguir avanzando. Y un país que convierte cada retroceso en un éxito diplomático termina perdiendo hasta el nombre de las cosas.

Acabamos confundiendo apaciguamiento con rendición.


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