Opinión
Un año más y, esta vez por adelantado, nos llaman de nuevo a las urnas para darnos la oportunidad de castigar a unos o premiar a otros.
Fue después de la democracia cuando nos llegó esta opción de elegir a quien rija nuestros destinos. Particularmente extraño aquellas campañas donde nos animaban a acudir a las urnas para depositar nuestro voto sin escuchar palabras de increpación hacia el contrincante.
Pero, de aquellas campañas a las que estamos viviendo va un enorme abismo. Particularmente recuerdo como el pretendiente a nuevo jefe de estado nos prometía, casi siempre sin cumplir, la bajada del precio del agua, el gas o la luz.
Todo esto ha cambiado y de aquellas lindas promesas que nos hacia creer en el candidato de turno, hemos pasado a escuchar solamente insultos de unos a otros, palabras bacías y llenas de odio y rencor.
Ignoro a quienes pretenden convencer mostrándonos a unos señores que cada vez que se dirigen al contrincante parecen que por sus bocas salen sapos y culebras cada vez más venenosas. Estas lindezas las escuchamos lo mismo de la derecha que de la izquierda o de los extremistas, a estos últimos y, particularmente, les tengo mucho miedo y poca credibilidad, pues ya se dice que los extremos nunca han sido buenos.
Sea como sea debemos acudir a depositar nuestra papeleta y rezar para no habernos equivocado.
María Sánchez

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