Dos canallas, dos miserables, dos sinvergüenzas; uno es el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, que insulta y culpa a una auxiliar de enfermería, que se está debatiendo entre la vida y la muerte en el hospital Carlos III de Madrid, por atender voluntariamente a personas contagiadas con el virus del ébola, a esta persona, a la que se la tendría que hacer casi un monumento por su valor y dedicación a su trabajo, y que hoy está aislada y con pocas esperanzas de sobrevivir, que tenía que cuidarla y alabarla por su trabajo… la insulta y la desprecia. Él, que tenía que poner todos los medios para haber evitado que esta trabajadora se infectara, este elemento o individuo indeseable, el responsable de la sanidad pública de Madrid, que lleva treinta años viviendo del erario público, aún no ha sido cesado por el presidente del Gobierno Regional.
Estamos mal gobernados por una panda de sinvergüenzas, a los cuales tendremos que echar los ciudadanos de forma fulminante en las próximas elecciones, porque son unos caraduras nefastos para nuestra salud.
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