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jueves, 22 de octubre de 2026

​La Sima de Jinámar: Memoria y abismo de la historia grancanaria. Por Joaquín Santana



Joaquín Santana

Artículo de opinión

 Nota del autor: El presente artículo se ha redactado con fines exclusivamente informativos, divulgativos e históricos. Su único propósito es dar a conocer los hechos acaecidos en este enclave de Gran Canaria desde el respeto y la rigurosidad. En ningún caso busca herir la sensibilidad de familiares, allegados o personas afectadas por estos trágicos sucesos, a quienes se les profesa el máximo respeto.

​A pocos kilómetros del bullicio urbano de Telde y Las Palmas de Gran Canaria, en la frontera de ambos municipios, el terreno volcánico de la isla se abre hacia las entrañas de la tierra. Se trata de la Sima de Jinámar, una garganta natural de origen volcánico que supera los ochenta metros de caída vertical directa. Para quien pase por sus inmediaciones sin conocer su trayectoria, puede parecer una mera curiosidad geológica del paisaje insular; sin embargo, para la memoria colectiva de Gran Canaria, este gran tubo volcánico representa uno de los episodios más oscuros y trágicos del siglo XX.

​Un fenómeno natural prehistórico

​Desde el punto de vista geológico, la sima es un cono de emisión volcánica originado durante las erupciones del pleistoceno tardío. Para los antiguos pobladores aborígenes de la isla, los canarios precastellanos, este abismo natural ya poseía un carácter singular. Diversas investigaciones arqueológicas y relatos tradicionales señalan que el lugar pudo haber albergado usos rituales o funerarios en la época prehispánica, aprovechando la profundidad y la solemnidad del enclave dentro del territorio del antiguo Guanartemato de Telde.

​Durante los siglos posteriores a la conquista castellana del siglo XV, la sima permaneció integrada en el paisaje rural de la zona de Jinámar, rodeada de campos de cultivo y pastos, envuelta en leyendas populares sobre su insondable profundidad.

​El trágico escenario de 1936

​El hito que marcó para siempre la Sima de Jinámar ocurrió tras el golpe de Estado de julio de 1936 y los meses iniciales de la Guerra Civil española. En el contexto de la represión política llevada a cabo en Gran Canaria contra sindicalistas, políticos republicanos, intelectuales y vecinos opuestos al nuevo régimen, la sima fue utilizada de forma clandestina como un lugar de ejecución y ocultamiento de cadáveres.

​Amparados por la noche y por el aislamiento del enclave en aquella época, convoyes de la represión trasladaron a numerosos detenidos hasta el borde del tubo volcánico. Muchas de las víctimas fueron arrojadas al vacío, algunas tras ser ajusticiadas en el sitio y otras aún con vida. El eco de la sima y su accesibilidad imposible ocultaron durante años la magnitud exacta de las pérdidas humanas, alimentando el dolor y el silencio de las familias en las décadas posteriores.

​La recuperación de la memoria y la arqueología forense

​Durante mucho tiempo, la Sima de Jinámar fue un tema tabú, mencionado en voz baja en las casas de Telde y Jinámar. Con la llegada de la democracia y, de forma más intensa, a partir de las primeras décadas del siglo XXI, diversas asociaciones de memoria histórica, investigadores y colectivos sociales impulsaron la dignificación del lugar.

​Las complejas labores de prospección y rescate arqueológico-forense llevadas a cabo en el interior del tubo volcánico —dada la dificultad técnica que entraña descender a más de ochenta metros de profundidad— han permitido recuperar restos óseos y pertenencias personales. Estos trabajos han confirmado científicamente los relatos orales transmitidos durante generaciones y han permitido devolver la identidad a personas que permanecieron décadas en el olvido.

​Bien de Interés Cultural y espacio para el recuerdo

​Hoy en día, la Sima de Jinámar ostenta la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) bajo la categoría de Sitio Histórico. El lugar ha dejado de ser una fosa en la penumbra para convertirse en un espacio de pedagogía democrática, memoria y respeto a las víctimas.

​Aprender la historia de la Sima de Jinámar no es solo dirigir la mirada hacia la tragedia del pasado, sino reafirmar el compromiso de la sociedad canaria con la verdad, la justicia, la reparación y el principio innegociable del 'nunca más'.

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