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miércoles, 4 de noviembre de 2026

VOLCÁN DE LA PALMA

 


 
SEIS AÑOS DESPUÉS ES LA HORA DE AJUSTAR CUENTAS CON LAS PROMESAS

"Una promesa pública no puede tener fecha de caducidad mediática"




Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión



Resulta sorprendente que, siendo canario y teniendo a La Palma a apenas unas millas de mar de distancia, desconozca todavía hoy, como tantos paisanos canarios, cuál es el verdadero grado de cumplimiento de las promesas realizadas tras la erupción del Tajogaite o Volcán de Cumbre Vieja

Quizás ahí radique precisamente una parte del problema.                        

Pues durante los primeros meses, la tragedia ocupó portadas, informativos y discursos institucionales prácticamente a diario; sin embargo, a medida que las cámaras se marcharon y la actualidad dirigió su mirada hacia otros lugares y otras urgencias, el seguimiento de la reconstrucción fue desapareciendo lentamente del debate público. La emergencia fue noticia; la reconstrucción, mucho menos.

Como marino mercante sé bien que, cuando un buque sufre una grave avería, toda la atención se concentra en superar la emergencia inmediata. Pero una vez controlada la situación comienza la verdadera prueba; reparar los daños, evaluar responsabilidades y comprobar si las soluciones prometidas se llevan realmente a cabo. Es una labor menos vistosa, menos mediática y mucho más incómoda. Pero también infinitamente más importante, y con La Palma ha ocurrido algo parecido.

Todos recordamos las impresionantes imágenes de la lava avanzando inexorable hacia el mar. Recordamos barrios enteros desapareciendo bajo las coladas, agricultores contemplando impotentes cómo desaparecían las fincas cultivadas durante generaciones y autoridades de todos los niveles compareciendo prácticamente a diario para transmitir mensajes de apoyo, solidaridad y compromiso.

Sin embargo, seis años después, muchos canarios seguimos sin conocer con exactitud cuántas de aquellas promesas se han cumplido, cuántas permanecen pendientes y cuántas se han quedado atrapadas en los laberintos de la burocracia o en el olvido político, y esa ignorancia colectiva no debería existir, “porque una promesa pública no puede tener fecha de caducidad mediática”


“AQUEL FAMOSO DIA DE DICIEMBRE”

El 13 de diciembre de 2021 cesó la erupción del Tajogaite. Ochenta y cinco días de actividad volcánica bastaron para sepultar más de 1.300 viviendas, destruir 1.676 edificaciones, arrasar explotaciones agrícolas y transformar para siempre la geografía física y emocional de La Palma. Miles de personas fueron evacuadas y barrios enteros desaparecieron bajo la lava. 

Aquellos días estuvieron marcados por una extraordinaria ola de solidaridad nacional, pero también por una auténtica cascada de promesas políticas; Gobierno de España, Gobierno de Canarias, Cabildo y Ayuntamientos, anunciaron ayudas, planes de reconstrucción, nuevas viviendas, recuperación de infraestructuras, y una respuesta institucional que pretendía estar a la altura del drama humano que vivía la isla.

Hoy, transcurridos casi seis años, ha llegado la hora de formular una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Se cumplió realmente todo lo prometido? Y La respuesta, por incómoda que resulte, “es que no”.

Sería injusto negar los avances realizados. Pues las administraciones han movilizado importantes recursos económicos y el gobierno social comunista de Pedro Sánchez, sostiene haber comprometido más de 1.500 millones de euros en medidas relacionadas con la emergencia y la reconstrucción de la catástrofe.

Pero tampoco sería honesto confundir las cantidades anunciadas con los resultados obtenidos. Porque la reconstrucción de una isla no puede medirse por las cifras presentadas en ruedas de prensa ni por el volumen de los titulares institucionales. Se mide por las viviendas entregadas, por las explotaciones agrarias recuperadas, por los negocios reabiertos y, sobre todo, por las familias que han conseguido recuperar la normalidad perdida, y es precisamente ahí donde aparecen las sombras.

Diversas informaciones publicadas durante estos años han señalado retrasos significativos en la ejecución de ayudas y proyectos, así como la permanencia de afectados en soluciones habitacionales provisionales mucho tiempo después de finalizada la emergencia. También se ha denunciado que una parte importante de los fondos comprometidos continuaba pendiente de llegar a sus destinatarios, y no nos engañemos, la cuestión no es únicamente cuánto dinero se prometió. La cuestión es cuánto dinero llegó efectivamente a quienes lo perdieron todo.

Durante las semanas de la erupción, los micrófonos abundaban. Las visitas institucionales eran continuas. Las declaraciones solemnes se sucedían unas tras otras. La Palma se convirtió en símbolo nacional de resiliencia y solidaridad.

Sin embargo, una vez enfriadas las coladas, también pareció enfriarse parte de la atención política y mediática, y eso debería preocuparnos.

Porque los vecinos de La Palma no fueron víctimas únicamente de una catástrofe natural. También han tenido que enfrentarse durante años a la lentitud administrativa, a procedimientos interminables y a promesas cuyo grado de cumplimiento sigue siendo difícil de evaluar para el conjunto de la ciudadanía.

La política tiene una peligrosa tendencia a sobreactuar durante las emergencias y a diluirse cuando llega el momento de rendir cuentas. Se anuncian soluciones con rapidez, pero las explicaciones sobre los retrasos rara vez reciben la misma publicidad y, La Palma merecía algo más que buenas intenciones. Merecía eficacia. Merecía transparencia. Merecía que cada promesa formulada ante los focos, fuera acompañada años después por una rendición de cuentas detallada y accesible para todos los ciudadanos. Porque seis años son tiempo más que suficiente para realizar un balance serio, desapasionado y honesto y, no para buscar culpables fáciles. No para convertir una tragedia en arma partidista. Sino para determinar qué se prometió, qué se cumplió, qué permanece pendiente y quién debe asumir las responsabilidades correspondientes.

Los volcanes forman parte de la naturaleza de Canarias. Han modelado nuestras islas durante millones de años, pero lo que no debería formar parte de nuestra naturaleza democrática, es el olvido; porque el Tajogaite dejó de rugir el 13 de diciembre de 2021, y las preguntas pendientes sobre la reconstrucción de La Palma todavía no, y todo gobernante debería recordar una lección elemental: “las coladas de lava son obra de la naturaleza; las coladas de burocracia, retrasos e incumplimientos son responsabilidad exclusiva de quienes prometieron reconstruir aquello que el volcán destruyó”.

En Canarias cuando alguien llega tarde a una cita, los mauros como yo, preguntamos… ¿Y dónde fue compadre, que   se le apagó el farol?   Y hoy   pregunto lo mismo a Pedro Sánchez y a su gobierno moribundo social comunista, temiéndome que me conteste así:  “es que envié las ayudas en AVE, y ya sabes cómo se las gasta Oscar Puente, con esa manía que tiene de “enchufar a los amigachos” y echarles la culpa de los errores  a los muertos por los retasaos y los incumplimientos presupuestarios, necesarios para un correcto mantenimiento del sistema ; aunque en eso “del incumplimiento presupuestario” lo entiendo; pues yo  llevo cuatro años, sin poder aprobar los del Estado, y todo por culpa de unos “fachas de mierda”, que aunque no están muertos, para mi es como si lo estuvieran, por lo mal que me tratan, y todo por unos asuntillos sin importancia, como serian …el caso Ábalo, Koldo, Tito Berni, mi esposa, Plus Ultra, mi hermano David, el Fiscal General, el haber pactado con los enemigos de España , (Bildu e independentista),  y ahora por último, por declararle mi sumisión y lealtad  absoluta al Rey de Marruecos Mohamed VI, entregándole el Sahara e intentar hacer lo mismo con Ceuta. Lo dicho… ¡Pura enviada cochina! Aumentada desde que se han enterado, que además soy el heredero de la “joyas de Zapatero”, y a la vista está que…. ¡Casos se han dado!

¡Qué cosas!

Fdo:

Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor


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