Director: Juan Carlos Melian Naranjo. contacto: teldehabla@gmail.com

martes, 3 de noviembre de 2026

Crónica de una quema anunciada: la sombra del fuego sobre nuestros vehículos (Por Joaquín Santana)

Gamberros


Articulo de opinión 

​La madrugada del pasado jueves 29 de octubre, los vecinos del barrio de San Roque, en Santa María de Guía, volvieron a sobresaltarse con un eco que por desgracia empieza a resultarnos demasiado familiar. Detonaciones secas, el reflejo anaranjado de las llamas devorando la noche y, al amanecer, una estampa desoladora: cuatro vehículos  pasto de las cenizas y una fachada pública —la del Edificio de Usos Polivalentes— gravemente dañada. Que un incendio de esta magnitud obligue a suspender la actividad de un Centro de Día y de la Universidad Popular no es solo un atentado contra el patrimonio privado de los ciudadanos; es un golpe directo al corazón y al bienestar de una comunidad.

​Lo ocurrido en Guía no es una anécdota aislada ni un infortunio casual. Estamos ante la dolorosa constatación de que la quema de vehículos se ha consolidado como un modus operandi recurrente, silente y alarmante en la isla de Gran Canaria. Ya sea como instrumento macabro para borrar huellas tras un atraco, como forma de ajuste de cuentas o como el vandalismo más desalmado, el fuego en la vía pública se está convirtiendo en una preocupante epidemia que recorre el archipiélago de norte a sur y de este a oeste.

​Las consecuencias de esta escalada van mucho más allá de la fría estadística de coches calcinados. Cada vehículo quemado es una herramienta de trabajo destruida, una economía familiar truncada y, sobre todo, una bomba de relojería para la seguridad vecinal. ¿Cuántos avisos más necesitamos para abordar este problema con la contundencia que exige? Un coche aparcado junto a un edificio público o residencial que arde en plena madrugada es una tragedia humana en potencia que, por pura fortuna, no ha tenido que lamentar pérdidas personales en esta ocasión.

​Las fuerzas de seguridad hacen su trabajo investigando caso por caso, pero la ciudadanía de Gran Canaria exige respuestas institucionales valientes, mayor vigilancia preventiva y una presión policial implacable contra quienes utilizan el fuego como atajo delictivo. La impunidad con la que parecen actuar los pirómanos o los delincuentes que emplean este método destructivo alimenta una creciente sensación de desprotección.

​La isla no puede normalizar que sus calles se conviertan en escenarios recurrentes de columnas de humo y chatarra calcinada. Las instituciones, los cuerpos policiales y los ayuntamientos deben dejar de mirar hacia otro lado ante un fenómeno que erosiona la convivencia pacífica. Antes de que una de estas madrugadas de fuego tengamos que llorar una desgracia irreparable, es urgente apagar esta mecha de una vez por todas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario