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jueves, 5 de noviembre de 2026

Flaqueó el carácter o las encuestas



Luis Seco de Lucena

04/11/2026

Artículo de opinión

Decía Óscar Puente que dimitir no iba con su carácter. Que marcharse sería lo fácil y que su obligación era dar la cara. Lo proclamaba con esa rotundidad de quien parece haber confundido la firmeza con la permanencia en el sillón. Sin embargo, apenas unos días después, el carácter se le ha vuelto flexible y el ministro ha presentado su dimisión. Curiosa metamorfosis. Porque uno puede cambiar de opinión, naturalmente, pero resulta menos frecuente cambiar de carácter entre una rueda de prensa y una comparecencia parlamentaria. 

No parece probable que Puente se haya convertido en otro hombre. Más razonable resulta preguntarse si lo que ha cambiado no será su personalidad, sino el panorama electoral. Las encuestas posteriores a la tragedia de Urda reflejaban un creciente rechazo a su continuidad y un retroceso del PSOE. Eso está documentado. Que esos sondeos determinaran su dimisión es una interpretación política, no un hecho demostrado. 

El mismo político que defendía permanecer para asumir responsabilidades terminó justificando su marcha por dignidad, coherencia y empatía. Argumentos respetables, desde luego. Pero cabe preguntarse por qué adquirieron tanta fuerza precisamente ahora y no después de Adamuz.

Hay otra declaración suya que merece recordarse: aquella en la que rechaza que el pueblo salva al pueblo, que lo salva al pueblo es un Estado fuerte.

Pues bien, señor Puente, un Estado fuerte no se mide por la contundencia de sus ministros ante los micrófonos. Se mide por su capacidad para proteger a los ciudadanos. Y cuando hablamos de ferrocarriles, hablamos de infraestructuras públicas, mantenimiento, señalización, protocolos de seguridad y personal suficiente en los centros de control.

El Estado tiene responsabilidades ineludibles en ese entramado. Otra cuestión es determinar, mediante las investigaciones correspondientes, qué falló exactamente y quién debe responder por ello.

Adamuz y Urda han dejado más de cien muertos en apenas nueve meses. Dos tragedias que exigen mucho más que explicaciones apresuradas, reproches partidistas o dimisiones convertidas en espectáculo electoral. Exigen respuestas técnicas, transparencia y medidas que devuelvan la seguridad y la confianza a los viajeros. 

Porque detrás de cada cifra hay una familia destrozada, una silla vacía y alguien que salió de casa convencido de que regresaría. Víctimas a las Oscar Puente no ha mencionado ni una sola vez en su comparecencia.

Puente sostiene que su renuncia responde a la dignidad política. Pero las encuestas pesan como una losa sobre Pedro Sánchez y el PSOE, y es más que probable que sea esto lo que haya precipitado su salida. 

Lo verdaderamente importante es que su marcha no cierre en falso la investigación ni sustituya las responsabilidades que todavía deban esclarecerse.

Y queda una última reflexión: cuando la dimisión que ayer parecía incompatible con el carácter hoy se presenta como un deber moral, resulta inevitable preguntarse qué cambió realmente.

Quizá el carácter permanezca intacto. Lo que cambia, con extraordinaria puntualidad, es el calendario electoral.


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