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| JULIO MIRANDO EL HORIZONTE |
Por: Julio César González Padrón
Artículo de opinión
Es por donde navega el Rey de Marruecos y Argelia en el Magreb, esa aparente quietud actual, es solo apariencia; pues, bajo la superficie se agitan dos corrientes poderosas, dos naciones que llevan décadas chocando como placas tectónicas. “Marruecos y Argelia” no son simples vecinos; son “enemigos históricos”, dos gigantes que se observan desde la costa con la misma desconfianza con la que un capitán mira una tormenta que sabe inevitable.
Quien haya navegado lo suficiente sabe que hay marejadas que no dependen del viento, sino de la historia. Y esta es una de ellas.
Dos barcos que jamás compartirán derrota
Marruecos avanza como un navío de velas tensas, guiado por la figura del Rey Mohamed VI, capitán absoluto de un Estado que mezcla, religión, tradición, ambición territorial y diplomacia calculada. Argelia, en cambio, navega como un acorazado surgido del fuego de su guerra de independencia, con un ejército que actúa como timonel silencioso y omnipresente.
Son dos barcos construidos para rutas distintas. Dos brújulas que nunca apuntan al mismo norte. Dos modelos políticos que no encajan ni con calzador.
El Sáhara: la grieta que divide el océano
“El Sáhara Occidental” viene a ser, la falla tectónica que separa a ambos. Para Marruecos, es territorio sagrado, pieza clave de su relato nacional. Para Argelia, es causa revolucionaria, símbolo de su identidad política y de su influencia regional. Para el Polisario, es patria pendiente.
Es una herida que no cierra, una grieta que atraviesa el Magreb como un cuchillo. Mientras siga abierta, el mar entre ambos seguirá temblando.
Alianzas como faros enfrentados
Marruecos ilumina su ruta con los faros de “EE. UU., Israel y los países del Golfo”, buscando apoyo militar, diplomático y económico. Argelia mira hacia “Rusia, China” y la vieja retórica antiimperialista que aún le da peso en ciertos escenarios internacionales.
Son dos constelaciones distintas en el mismo cielo. Y cuando un país mira hacia una estrella, el otro mira hacia la contraria. El resultado es un firmamento dividido, una noche sin guía común.
El gas es la corriente fría que todo lo condiciona
Argelia es potencia energética; Marruecos, no. El cierre del gasoducto Magreb-Europa en 2021 fue un torpedo directo a la línea de flotación marroquí. Rabat perdió ingresos, influencia y una palanca estratégica. Desde entonces, cada decisión energética en Europa es un cambio de marea que ambos observan con prismáticos.
En este mar, quien controla el gas controla la temperatura del agua y eso lo sabe bien Argelia.
Carrera armamentística: el silencio que da miedo
Ambos países compran armas como si prepararan una guerra que nadie quiere reconocer. Argelia adquiere tecnología rusa de alta capacidad. Marruecos se arma con Estados Unidos e Israel.
Es un equilibrio frágil, una calma tensa que recuerda a esas noches en las que el mar parece dormido… pero el capitán sabe que algo se está gestando bajo la superficie.
Migración: el oleaje humano que Rabat sí utiliza
Argelia no lanza oleadas humanas. Marruecos sí. Y Ceuta es la prueba más clara. Cuando Rabat quiere castigar a España, abre la frontera y deja que miles de jóvenes crucen como si fueran espuma desbordada o simplemente carne de cañon. No es migración, es es presión política. No es oleaje natural, es oleaje provocado.
Europa mira, pero no siempre entiende que ese mar embravecido tiene dueño.
Y España navegando entre dos tormentas que nunca se tocan
España es el barco que pasa entre dos tormentas que rugen sin descanso. Cada gesto diplomático nuestro inclina la balanza. Y cuando la balanza se mueve, uno de los dos países reacciona. Marruecos, con migración y presión territorial y Argelia, con energía y frialdad diplomática.
Estamos en medio de un tablero donde las piezas no son diplomáticas; son estratégicas. Y cada movimiento tiene consecuencias.
Conclusión: la guardia nunca termina
Así, podemos decir sin miedo a equivocarnos que la relación Marruecos-Argelia es una marejada eterna y un polvorín permanente. No amaina. No descansa. No se resuelve.
Y a todas estas, España con un gobierno social comunista, presidido por Pedro Sanmchez, que desde que los servicios secretos marroquí le jaquearon su móvil personal con el sistema Pegasus, se ha convertido en casi una marioneta del Rey Mohamed VI, quien lo chantajea sin miramientos y Sánchez obedece a pie puntilla; pues conoce bien estos mares por los que navega el Rey moro envalentonado por Donal Trump y ahora también por Europa, y el gobierno español , tiene claro que debe actuar con prudencia, con firmeza y con los dos ojos bien abiertos. Porque en este mar, capitán, “si cierras un ojo… abre el otro porque el “moro” no perdona”.
La guardia sigue. Y la tormenta, aunque aún no haya estallado del todo, ya se siente en el aire. Y a Pedro Sánchez, con tal de salvar su propio pellejo, no le importa volver a traicionar a los suyos y a España, como ya hiciera, pactando con los ex terroristas de ETA o con los independistas catalanes, y por mucho menos (7 cochinos votos, que lo auparon a la presidencia).
Así que, volviendo a las expresiones típicas canarias; las que, a los mauros de Telde como yo, tanto nos gusta usar, te digo Pedro… “En esta ocasión, este tabaco me lo picas finito, que lo quiero para la cachimba nueva”. En otras palabras, “que no voy a permitir que me vuelvas a engañar, como si fuera un pobre infeliz alumno de tu doctrinal y dogmática LOGSE social comunista”.
Cuando te juzgue la historia, te presentará como el peor presidente, que ha tenido España, después de la llegada de la democracia, junto a tu maestro, “el joyero” José Luis Rodrigez Zapatero, que está acostumbrado a “recibir poco y dar mucho”, que … ¡Casos se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo:
Julio César González Padrón
Marino Mercante y Escritor

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