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| Buena explicación Don Julio |
Ciencia, riesgo y la amenaza que crece sobre el Levante español
Por Julio César González Padrón
Artículo de opinión
A estas alturas del estío, con el Mediterráneo convertido en una sopa térmica impropia de agosto, la atmósfera empieza a mostrar señales que cualquier viejo lobo de mar reconoce; “cuando el mar se calienta demasiado, el cielo prepara su respuesta”. Y en la cuenca mediterránea, esa respuesta tiene nombre propio: “DANA”, o Depresión Aislada en Niveles Altos.
¿Pero qué es exactamente una DANA?
Una DANA es una “bolsa de aire frío en altura”, desprendida de la circulación general de la atmósfera. Al quedar ésta aislada, se desplaza de forma errática y, al encontrarse con aire cálido y húmedo en superficie —como el que ahora mismo domina el Mediterráneo, pues puede “generar una inestabilidad explosiva”.
Esto es el mismo principio físico que convierte un mar en calma, en un infierno cuando dos corrientes se cruzan sin aviso; aire frio arriaba, aire muy cálido y húmedo abajo, ascenso violento, nubosidad convectiva y precipitaciones torrenciales.
“El Mediterráneo sobrecalentado se convierte en el combustible perfecto”
Este verano, el Mediterráneo ha registrado “anomalías térmicas superiores a +3 ºC” en amplias zonas. Eso significa que hay más evaporación, más humedad disponible, más energía para tormentas severas y, por lo tanto, mayor probabilidad de lluvias torrenciales
Hablando en términos marítimos: “tenemos un mar cargado de pólvora atmosférica”.
“Una Dana es lo mismo que cuando el cielo se rompe y la tierra olvida”
Y es que, a estas alturas del estío, el Mediterráneo no parece un mar; parece más bien “una caldera”, un animal inquieto que respira vapor caliente día y noche. Y cualquiera que haya navegado, sabe que cuando el mar se calienta más de la cuenta, el Cielo empieza a tensarse como una vela mal cazada. En esa tensión nace la DANA; “un autentica agrieta en la atmósfera”, una bolsa de aire frío que se descuelga como un vigía borracho y cae sobre un mar demasiado cálido.
“La DANA es el golpe de mar desde el Cielo”
Pero una DANA no es solo meteorología. “Es un desgarro”, un remolino en altura que se desprende de la corriente general y vaga sin rumbo, buscando el calor húmedo que ahora mismo rebosa sobre el Mediterráneo. Cuando lo encuentra, ocurre lo inevitable; el aire frío se desploma., el aire cálido asciende como un resuello, la atmósfera se encabrita, la la lluvia cae no como agua, sino como “un castigo antiguo divino como el del Arca de Noé”.
Yo en mi época de navegante, lo he visto con mis propios ojos y comprobado; hay golpes de mar que no se pueden evitar, pero sí se pueden “prever” y La DANA es uno de ellos.
“El Mediterráneo es ahora mismo un mar sobrecalentado que pide tormenta hasta por señas”
Este verano, el Mediterráneo ha registrado anomalías térmicas que superan los +3 ºC. Eso significa que la mar está “cargada de humedad”, como una bodega saturada de pólvora. Y cuando el Cielo encuentra esa humedad, la convierte en tormenta.
El Levante español, desde Girona hasta Almería, está ahora mismo en la misma situación que un barco que navega con el casco caliente y el cielo oscuro “todo está preparado, listo y servido para que el temporal se forme”.
“Casi me atrevería a asegurar que el otoño que viene, habrá una sucesión de DANAS”
La ciencia no afirma que ocurrirán, pero sí que “las condiciones son las más propicias en años”. La mar caliente, la atmósfera inestable y la circulación meridiana son ingredientes que no suelen fallar.
Dicho esto, añadiré que, el Levante español podría enfrentarse a episodios de lluvia torrencial, riadas súbitas, inundaciones en zonas urbanizadas sin memoria del agua o colapsos de infraestructuras críticas
Y aquí es cuando comienzan las preguntas que duelen: ¿Están preparados nuestros gobiernos?
Porque el cielo puede romperse, sí. Pero lo que no puede romperse es “la responsabilidad política e irse a comer con una periodista al Ventorro y pasarse allí toda la tarde”
“La última riada en Valencia es un espejo que nadie quiso mirar”
La DANA que golpeó Valencia dejó una lista de errores que, si fueran cometidos en un barco, habrían costado vidas; errores tales como: “descoordinación entre administraciones”, cada una mirando su propio parte meteorológico. “Infraestructuras de drenaje insuficientes”, incapaces de tragar el agua que bajaba como una arriada. “Urbanismo temerario”, construcciones en zonas donde el agua siempre vuelve. “Alertas tardías”, como si el Cielo no hubiera avisado durante horas. “Y Respuestas improvisadas”, sin un mando único, sin una estrategia clara.
El agua entró en barrios, garajes, carreteras y polígonos como un enemigo que conoce el terreno. Y lo peor no fue la riada, “lo peor fue la sensación de que nadie estaba al timón”. Lo mismo que está ocurriendo ahora en Ceuta, pero en plan meteorológico. Porque el capitán que nunca debió abandonar el puente de mando, estaba comiendo tan ricamente, con una periodista en un bar y con sobremesa incluida y en el caso de Ceuta, descansando tan ricamente en La Mareta.
Gobierno central y autonómicos mostraron avances, sí… Pero el temporal exige más
Hay que reconocer que, España ha mejorado en cartografía de riesgo, sistemas de aviso por móvil, monitorización satelital, protocolos de Protección Civil; pero a pesar de todo ello, sigue fallando en lo esencial; “la Planificación territorial seria, en el Control del urbanismo en zonas inundables, infraestructuras de drenaje modernas, la Coordinación real entre administraciones y algo realmente importante en todos los sectores de la vida, la cultura ciudadana de prevención”.
En otras palabras, y usando el argot marinero: “tenemos brújula, pero no tenemos rumbo”.
“Hay que tener presente la geopolítica del clima, porque España está ante un Mediterráneo que ya no es el de antes”
El Mediterráneo es hoy un espacio estratégico donde convergen: turismo masivo, infraestructuras críticas en la costa, puertos que sostienen la economía, barrios densos construidos sobre antiguos cauces, y un clima cada vez más extremo.
Una cadena de DANAS severas podría afectar a puertos como Valencia, Castellón o Alicante, aeropuertos costeros, redes eléctricas, depuradoras, zonas turísticas que viven de la temporada, o barrios enteros construidos donde el agua siempre vuelve.
España necesita menos “Mareta” y “Ventorros” más “políticas de Estado para el riesgo climático”. No una suma de parches autonómicos; pues los temporales que se acerca no entienden de competencias ni de colores políticos.
La mar avisa, el Cielo avisa, pero… ¿Y nosotros? ¿Prestamos atención a lo que nos están diciendo?
Yo sé por propia experiencia profesional qué, “los temporales no avisan dos veces”. Y ahora mismo el Mediterráneo está caliente como una fragua. El Cielo está inquieto. El Levante está expuesto. Y la última riada en Valencia debería ser una lección escrita en piedra y no bajo el famoso recurso político del … “Y tú más”
La pregunta no es si habrá DANAS. La pregunta es si nuestros gobiernos —autonómicos y central— “tendrán el pecho sereno para aguantar el golpe de mar”, ¿o si volveremos a lamentar que el agua siempre reclama lo que es suyo?, porque como decimos los mauros de Telde… ¡Caso se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo:
Julio César González Padrón
Marino Mercante y escritor

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