Se dice que a todo le llega su fin y que nada dura toda la vida. Gran verdad ésta que debe hacernos reflexionar.
De igual manera ocurre con los momentos de ocio o distracción: el baile termina y las vacaciones tocan a su fin.
Si ir muy lejos, en breves días diremos adiós a las carnestolendas que poco a poco van despidiéndose de ciudades y pueblos donde la alegría ha sido la nota predominante allá por donde ha pasado.
El colofón a estas fiestas lo pone la tradicional quema de la sardina, donde mujeres y hombres se convierten en grandes plañideras para, entre llantos y música, acompañar al incauto pez al que final achicharrarán en orondas hogueras que pondrán fin a unas fiestas llenas de risas y algarabías.
Así como las cosas tienen un final también tienen un principio, como no podía ser de otra manera vamos a saber un poco más de esta tradición.
Así pues, se trata de una tradicional fiesta con una arraigada historia detrás de ella y que data desde el año 1851cuando unos jóvenes estudiantes tras el desfile de carnaval, y ataviados con capuchones negros y utensilios de cocina recorrieron las calles portando, a hombros, un féretro con la sardina dentro.
Históricamente se trataba de pasar de las restricciones del ayuno y abstinencia propios de la cuaresma.
A grandes rasgos esta es la tradición por la que, al finalizar el carnaval se lleva a cabo la quema de la sardina.
María Sánchez.
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