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| Bonita historia |
Transitar de un estado a otro es el sueño y deseo de toda persona aunque, desgraciadamente, no todos podemos llegar al otro lado de la calle.
Cada persona vive el hecho de envejecer de un modo diferente y cada cual recibe los años según su criterio, para unos es una alegría cumplir años mientras que para otros es un trauma tan grande que llegan a tener alguna depresión.
Cumplir años no significa ser viejo y sentarnos en un sillón esperando la muerte, por suerte cada vez se ponen nuevos medios para que el anciano viva sus últimos años de la mejor manera posible.
Es cierto que al hacernos mayor vamos teniendo una salud más precaria, comenzamos a perder visión, nuestros pies comienzan a fallar y las caídas se hacen más frecuentes, pero esto no significa que nos quedemos ciegos como topos o que estemos siempre tirados en el suelo.
Si bien nuestra memoria, también, comienza a fallarnos, es cierto que existen diferentes medios para retrasar este paso, quizás el más temido de todos.
En la antigüedad era normal que los hijos cuidaran de los padres, el hecho de que la mujer también se haya incorporado al ámbito laboral, ha hecho que esto ya no sea posible y la gran mayoría acaban sus días en una residencia donde son atendidos por profesionales y donde se encuentran acompañados.
Permitanme que les hable de una anécdota personal que hoy me causa risa.
Mi paso de la juventud a la edad adulta fue para mi casi un trauma. Acostumbrada a ser tratada de tu me sorprendió el hecho de que, de la noche a la mañana, empezara a escuchar la palabra señora, en ese momento comprendí que mi juventud había pasado a la historia.
Por suerte eso lo supere sin ningún problema, tanto que me agrada cuando me tutean con respeto y cariño incluso cuando algún joven se atreve a llamarme abuela.
Esto nunca me enfada pero, sin embargo no soporto cuando escucho a algunos jóvenes que en tono déspota nos llaman viejos
Siempre digo lo mismo anciano sí viejo no.
María Sánchez.

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