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| Barrio de Tara |
Hay lugares cuya historia no solo se lee en los libros, sino que se pisa en cada una de sus calles. El barrio de Tara, en el municipio grancanario de Telde, es uno de esos rincones donde el pasado aborigen y la vida comunitaria contemporánea se entrelazan de forma natural. Conocido internacionalmente por dar nombre a una de las piezas arqueológicas más emblemáticas de Canarias, Tara es mucho más que un referente en los libros de historia: es un testimonio vivo del arraigo y la identidad de Gran Canaria.
Mucho antes de la llegada de los conquistadores castellanos en el siglo XV, la zona que hoy ocupa el municipio de Telde era uno de los grandes centros de poder político, religioso y social de la isla: el Guanartematato de Telde
En este contexto, la zona de Tara constituía un poblado prehispánico de singular importancia. Sus antiguos habitantes, los antiguos canarios, aprovecharon la orografía del lugar para levantar sus viviendas en superficie y acondicionar casas-cueva, integrándose perfectamente con el entorno natural. La proximidad a los cauces de agua y las tierras fértiles convirtieron a Tara en un enclave próspero para la agricultura y el pastoreo.
Resulta imposible hablar del barrio sin hacer referencia a la Ídolo de Tara, la famosa estatuilla de barro cocido que simboliza la fertilidad y la figura femenina en la cultura aborigen.
Aunque la pieza original se conserva y exhibe en El Museo Canario en Las Palmas de Gran Canaria, el nombre del barrio quedó vinculado para siempre a esta joya del arte prehispánico. La figura, de brazos abultados y formas generosas, no solo representa el culto a la vida de los antiguos pobladores, sino que se ha convertido en una de las señas de identidad visuales más potentes de toda Canarias.
Un apunte histórico: A pesar del debate historiográfico sobre el lugar exacto del hallazgo original de la figura en el siglo XIX, la tradición y el sentir popular han unido de manera indisoluble el nombre del barrio a esta figura histórica.
Con la integración de la isla en la Corona de Castilla a finales del siglo XV, la estructura del poblado cambió, pero no su vocación agrícola. Durante siglos, Tara mantuvo un carácter marcadamente rural, caracterizado por el cultivo de la tierra, la ganadería y una arquitectura popular que conservó el uso de las cuevas como viviendas y almacenes.
A lo largo del siglo XX, la fisionomía de Tara se fue transformando progresivamente para adaptarse a los nuevos tiempos. Sin embargo, a diferencia de otros entornos urbanos que perdieron su esencia con el crecimiento demográfico, el barrio logró conservar una escala humana y un fuerte sentimiento de comunidad entre sus vecinos.
Hoy en día, pasear por Tara es recorrer un espacio donde la modernidad convive con la memoria del terreno. Los retos del barrio pasan por la divulgación de su patrimonio arqueológico y la preservación de su entorno visual y cultural.
Tara nos recuerda que la historia de Gran Canaria no solo se guarda en las vitrinas de los museos, sino que sigue latente bajo el suelo que pisan a diario sus vecinos. Un rincón fundamental para entender quiénes somos y de dónde venimos.

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