He soñado que caminábamos,
cogidos de la mano,
por el único sendero
que tejía el sol dorado.
Amor, risas, luz temprana,
pájaros ebrios de canto,
pies desnudos sobre el musgo,
hojas danzando en los charcos.
Pero un día nos sorprende
un cruce frío y callado.
Tú señalas hacia un bosque,
yo a un río de espejos claros.
Se sueltan las dulces manos,
se acaban las risas puras,
se rompe el amor de estrellas,
queda el eco en la espesura.
La luna llora en su espejo,
las sombras crecen despacio,
tu voz se ahoga en el viento,
mi sombra vaga en su llanto.
Pero el sueño se estremece,
y los caminos quebrados
se funden como dos olas
que en la orilla se han besado.
Despierto y ahí te encuentro,
junto a mí, en mi mismo abrazo.
Este poema forma parte del libro:
“Sueños” de Luis Seco de Lucena.

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