Artículo de opinión
Cuando escuchaba hablar del copago pensaba en el cuento del lobo, que viene el lobo y nunca vino, pero no, este lobo sí llegó y cuando menos lo esperaba me dio una mordida en la misma yugular, entiéndase cartera, ahí donde más duele.
La sorpresa llegó cuando en una de las visitas a la farmacia para recoger las patillas que me van manteniendo con algo de salud, gentilmente me dice la señorita son cuatro euros, lógicamente la cara me cambio y ella añade “esto es nuevo”.
Ahora nos dicen que los pensionistas debemos pagar según sea nuestra renta anual, oscilando generalmente entre el diez por ciento de lo que cobramos.
Hasta aquí podría entenderlo si supiera a ciencia cierta que ese dinero va destinado a investigaciones para buscar soluciones a tantas enfermedades que nos llegan.
Sin embargo esto lo pongo en duda sobre todo cuando veo y escucho a los investigadores quejarse de no poder continuar con su trabajo por la falta de ayuda económica del gobierno. Como es lógico esto me saca de mis casillas máxime cuando a través de cualquier medio de comunicación nos enteramos del dinero que ciertos políticos han robado para su propio beneficio.
De igual modo me molesta que el reparto a las comunidades no se haya hecho de modo equitativo, justa, imparcial y razonable, sin favoritismos.
En definitiva, no me molesta el copago, me molesta el mal uso que se haga de ese dinero.
María Sánchez.
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