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viernes, 6 de febrero de 2026

Contaminación en la costa de Telde: un episodio oscuro en pleno siglo XXI

 


Por: Julio C. González Padrón

Artículo de opinión

Escribo este artículo, bajo haciendo uso de mi clásica “libertas de los condenados” y como ciudadano de Telde, perjudicado directo, con la única  la intención de reflejar el malestar general del municipio y toda la Isla de Gran Canaria, pero cuidándome “muy mucho” de caer en fáciles y demagogas acusaciones no fundamentadas; porque Telde merece conocer la verdad, después de tres meses de contaminación y vergonzoso silencio administrativo

La costa de Telde, uno de los enclaves naturales más valiosos del este de Gran Canaria, atraviesa desde hace casi tres meses, un episodio de contaminación que ha generado entre los vecinos indignación, desconcierto y una creciente sensación de abandono. 

Lo que comenzó como un incidente puntual se ha convertido en un problema sostenido en el tiempo, agravado por un silencio institucional: Ayuntamiento, Cabildo, Gobierno de Canaria y responsables de la industria que explota una piscifactoría frente a la playa de Las Salinetas. Cosa que muchos percibimos como injustificable a todas luces, ante este mar de dudas y silencio que pesa demasiado y que ya “apesta a cachondeo” y falta absoluta de respeto hacia la ciudadanía

Resulta difícil de comprender que, en una sociedad con recursos técnicos avanzados, múltiples administraciones implicadas y una ciudadanía cada vez más exigente, no se haya podido determinar con claridad el origen de la contaminación.

 La presencia de una piscifactoría de lubinas en la zona, señalada por algunos como posible foco del problema, ha añadido tensión al debate, pero ni la empresa ni las administraciones públicas han ofrecido explicaciones concluyentes.

El Ayuntamiento de Telde, el Cabildo de Gran Canaria y el Gobierno de Canarias se  han limitado a intercambiar declaraciones, reproches y comunicados, pero ninguno ha aportado información que permita a la población entender, el  qué está ocurriendo realmente. 

La sensación predominante es que cada institución intenta esquivar responsabilidades mientras el problema persiste.

 Me pregunto…. ¿Es que acaso se debe a falta de medios o falta de voluntad?

Porque la gran pregunta que nos hacemos muchos vecinos es sencilla… ¿Cómo es posible que, tras semanas de análisis, inspecciones y supuestos estudios técnicos, no exista un diagnóstico claro? Teniendo en cuenta que estamos en un país desarrollado del primer mundo, en pleno siglo XXI, con herramientas de monitorización ambiental avanzadas y protocolos establecidos para episodios de contaminación marina, continúe esta la falta de resultados concretos, resulta muy difícil de justificar.

 Por eso, no nos debemos asustar si esta opacidad alimenta sospechas como... ¿Se está protegiendo a la empresa explotadora de las jaulas marinas? ¿Se intenta evitar un conflicto político? ¿O simplemente se ha gestionado el problema con una falta de coordinación alarmante? No hay pruebas para afirmar ninguna de estas hipótesis, pero la ausencia de información veraz y transparente abre la puerta a todas ellas y a todas estas, El ciudadano, el gran perjudicado, por el por el hecho palpables que su litoral teldense sigua afectado y la continuemos sin respuestas; pescadores, bañistas, deportistas y vecinos del lugar, vemos cómo un espacio que forma parte de nuestras vidas cotidianas se degrada sin que nadie asuma un liderazgo claro en la gestión de la crisis.

La confianza pública, una vez dañada, es difícil de recuperar. Y en este caso la erosión es evidente, pues la población percibe que se le oculta información o que se le ofrece una versión incompleta de los hechos. La transparencia no debería ser un gesto voluntario, sino una obligación.

Para recuperar la credibilidad y sobre todo, para proteger el litoral, sería imprescindible aportar un informe técnico único, público y verificable, elaborado por especialistas independientes, pero de los de verdad; una coordinación real entre administraciones, sin reproches cruzados; un plan de actuación inmediato para mitigar los daños ambientales y por último, pero no por ello menos importante, Un compromiso firme de transparencia, con actualizaciones periódicas y accesibles para la ciudadanía.

La costa de Telde no puede seguir siendo “rehén” de la desinformación, ni de la inacción. La población merece saber qué está ocurriendo y qué se piensa hacer para solucionarlo.

Como conclusión final yo añadiría que este episodio no solo pone en cuestión la gestión ambiental, sino también la relación entre instituciones y ciudadanía. 

La contaminación es grave, pero el secretismo lo es aún más, un territorio que presume de sostenibilidad y de respeto por su entorno, pues resulta inaceptable que un problema de esta magnitud se prolongue sin explicaciones claras.

La pregunta que flota en el ambiente —¿Qué ocultan?— no debería existir la pregunta, sin embargo, hoy por hoy es la que más se escucha en Telde.

Es que dicho en nuestro léxico canario “No me gusta nada la forma que tiene de cazar la perrita” y a haber si va a resultar cierto a aquello de que…” La penca de Tuno que está para uno, no hay baifa que se la coma, porque cristiano, esta vez me la tendrás que picar más finito, porque lo quiero para la cachimba nueva”. 

¡Qué cosas!


Fdo. Julio Ceésar González Padrón

Marino Mercante y escritor


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