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| Don Julio González Padrón |
Hay tirones de orejas que no duelen, pero despiertan. Y este pretende ser uno de ellos.
Artículo de opinión
Con todo el respeto que merecen los responsables políticos de Cultura del Gobierno de Canarias, creo que ha llegado el momento de llamar la atención —con cariño, pero con firmeza— sobre una realidad preocupante; el alarmante desconocimiento que niños y jóvenes canarios tienen de su propia Historia.
No se trata de exagerar ni de alimentar nostalgias vacías. Se trata de constatar el hecho tristemente demostrable de que demasiados escolares en Canarias, apenas conocen los fundamentos históricos de su tierra. Y un pueblo que desconoce su pasado difícilmente puede comprender su presente ni proyectar con seguridad su futuro.
La historia de Canarias no comienza en el siglo XV, pues, mucho antes de la llegada de los europeos, las islas estaban ya habitadas por pueblos de origen bereber procedentes del norte de África, que habían llegado en distintas oleadas entre el primer milenio antes de Cristo y los primeros siglos de nuestra era.
Ya en el siglo I, el escritor romano Plinio el Viejo mencionaba las Insulae Canariae en su obra Naturalis Historia, prueba de que el mundo clásico conocía la existencia del Archipiélago Canario
Aquellos primeros “canarios” desarrollaron culturas insulares diferenciadas. No formaban un único pueblo homogéneo, sino comunidades con identidades propias: Bimbaches en El Hierro, Canarii en Gran Canaria, Majos o Maxoratas en Fuerteventura y Lanzarote, Gomeritas en La Gomera, Auaritas en La Palma y Guanches en Tenerife. Compartían raíz bereber, pero evolucionaron de forma distinta en cada isla; tanto en lo político como en lo social y lo religioso.
En cuanto a su organización política variaba notablemente; así pues, en Tenerife, la isla estaba dividida en Menceyatos, gobernados por Menceyes (reyes o jefes territoriales), En Gran Canaria existían Guanartematos, bajo la autoridad de un Guanarteme, con una estructura más centralizada, en La Palma, los Auaritas se organizaban en cantones o territorios dirigidos por jefes locales, en El Hierro, los Bimbaches presentaban una organización más reducida y cohesionada., en Lanzarote y Fuerteventura, los Majos o Maxoratas tenían también sus propias divisiones territoriales.
Esta diversidad política demuestra que no hablamos de una cultura uniforme, sino de sociedades adaptadas a la realidad geográfica y demográfica de cada isla, por ello me revelo en generalizar el vocablo “Guanche”, para todos los aborígenes de las Islas, sobre todo porque una media verdad repetida una y mil veces, no debe alcanzar jamás la categoría de “cierta”
La religión ocupaba un lugar central en la vida indígena. Se trataba de creencias vinculadas a la naturaleza, al Cielo, al Sol y a las fuerzas que regían la vida y la muerte.
En Tenerife, por ejemplo, se rendía culto a una divinidad suprema conocida como Achamán, asociada al cielo; en Gran Canaria encontramos referencias a Acorán. Existían también creencias en espíritus malignos, como el Guayota tinerfeño, vinculado al interior del Teide.
Los lugares sagrados incluían montañas, cuevas y espacios elevados. Los Almogarenes en Gran Canaria eran recintos ceremoniales donde se realizaban rituales. La religión estructuraba la vida social, legitimaba el poder político y explicaba los fenómenos naturales.
Uno de los aspectos más sorprendentes —y menos conocidos en profundidad por nuestros escolares— es la práctica de la momificación de sus muertos.
Los aborígenes canarios desarrollaron técnicas complejas de conservación de los cadáveres, posiblemente heredadas de los egipcios y practicada especialmente de individuos de alto rango. El proceso incluía el vaciado y secado del cuerpo; su tratamiento se hacía con sustancias vegetales y minerales, y el posterior amortajamiento en pieles. El resultado eran las llamadas “Xaxos”, cuerpos momificados que se depositaban en cuevas sepulcrales.
Este ritual revela una concepción espiritual elaborada sobre la vida después de la muerte y constituye un fenómeno único en el ámbito atlántico europeo.
En el siglo XV, la incorporación del Archipiélago a la Corona de Castilla puso fin a la etapa prehispánica tras un proceso largo y desigual (1402-1496).
Algunas islas fueron conquistadas mediante pactos; otras, como Tenerife y Gran Canaria, ofrecieron fuerte resistencia.
Con la conquista comenzó una transformación profunda: cambios demográficos, implantación del cristianismo, nuevas estructuras económicas y la integración de Canarias en el mundo atlántico.
Desde entonces, las Islas desempeñaron un papel estratégico entre Europa, África y América.
La emigración marcó nuestra historia; en un principio forzada en parte durante los siglos XVI y XVII bajo el llamado “tributo de sangre”, y voluntaria en los siglos XIX y XX hacia Cuba, Venezuela o Puerto Rico.
Los ciclos económicos modelaron nuestra identidad con cultivos como, la caña de azúcar tras la conquista, la cochinilla en el siglo XIX, el tabaco, el tomate, el plátano… Cada etapa dejó huella en el paisaje y en la estructura social.
La creación del Puerto de la Luz, que algunos llamamos cariñosamente “La joya de la corona”, consolidó la posición estratégica del Archipiélago, y por su parte el desarrollo turístico de los años 60 transformó definitivamente la economía insular.
Es cierto que los planes educativos, desde la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE) hasta reformas posteriores, no siempre han otorgado el peso necesario a la historia local. Pero precisamente por eso es que corresponde a nuestras instituciones autonómicas reforzar este conocimiento.
No hablamos de localismos excluyentes. Hablamos de identidad cultural sólida. De “patria chica” entendida como conocimiento, no como consigna.
La historia de Canarias, desde sus primeras comunidades bereberes, su compleja organización política insular, sus creencias religiosas y prácticas funerarias, hasta su papel en el mundo atlántico y la modernidad turística, es extraordinariamente rica.
No puede seguir siendo una asignatura pendiente.
Si logramos que nuestros jóvenes conozcan quiénes fueron Achamán, los Menceyes, los Guanartemes, qué significaban los Almogarenes o por qué nuestros antepasados cruzaron el Atlántico, estaremos formando ciudadanos más conscientes y arraigados, y quizás menos “progres”, pero también menos “burros”
Y entonces, este tirón de orejas que hoy desde aquí, dado con respeto y cariño a los responsables de Cultura del Gobierno de canaria, creo que habrá cumplido su objetivo.
Así que señor consejero de Cultura del Gobierno de Canaria, como decimos en mi pueblo…. Coja el surco ¿Me oyó? y ¡Arrayese un millo! Y no se me ponga ahora cristiano, con la corcova para detrás, que tampoco es mucho lo que le pido, pues… ¡Casos se han dado!
Fdo: Julio César González Padrón
Marino Mercante y Escritor

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