Tensiones persistentes y consecuencias globales
Por: Julio C. González Padrón
Artículo de opinión
La situación en el Golfo Pérsico vuelve cíclicamente al centro de la geopolítica mundial. En esta ocasión todo indica a que no se trata de una crisis repentina ni de un conflicto aislado, sino de una acumulación de tensiones históricas, estratégicas, energéticas y religiosas que, en determinados momentos, alcanzan puntos críticos.
Hablar hoy de un eventual enfrentamiento directo entre Estados Unidos e Irán exige prudencia, pero también realismo y eso es lo que pretendo con este artículo sobre el particular. ¡Qué no cunda el pánico! Pues en el peor de los casos siempre se tratará solo de la opinión personal de un “viejo lobo de mar y además maúro de Telde.”
Las raíces del conflicto actual no pueden entenderse sin retroceder al año 1979 y la Revolución Islámica iraní, que transformó el equilibrio regional y rompió la estrecha relación previa entre Washington y Teherán. Desde entonces, las relaciones han estado marcadas por sanciones, episodios de confrontación indirecta, disputas nucleares y enfrentamientos a través de actores regionales.
Para Estados Unidos, o lo que es lo mismo para Donal Trump, Irán representa un actor desestabilizador en Oriente Medio, especialmente por su influencia en Irak, Siria, Líbano y Yemen; así como, por su programa nuclear. Para Irán, por su parte, la presencia militar de “los infieles” estadounidense en la región, constituye una amenaza directa a su soberanía y a su seguridad estratégica.
En este contexto, el Golfo Pérsico adquiere una importancia crucial; pues no en vano, por sus aguas transita una parte sustancial del comercio mundial del petróleo y del gas, especialmente a través del estrecho de Ormuz; por lo tanto, “hasta un alumno progre de la LOGSE socialista” o un ciego, podrían ver que, cualquier alteración significativa en esa ruta, tendría consecuencias inmediatas en los mercados energéticos globales.
Pero nos podemos preguntar … ¿Y qué papel jugaría la ONU?
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), sería, en principio, el foro natural para intentar contener una escalada bélica. El Consejo de Seguridad podría emitir resoluciones, llamar a la contención o incluso intentar imponer marcos de negociación, pero no nos engañemos, pues la reciente historia, nos dice que poco más puede hacer.
Sin embargo, la eficacia real de la ONU puede y debe intentar promover el consenso entre las grandes potencias. Aunque la única verdad es que, en un escenario de confrontación directa, la capacidad operativa de la citada organización quedaría limitada por vetos cruzados y por la voluntad política de los actores implicados, como ya nos hemos acostumbrado a ver y aceptar, que es lo peor del caso.
Además, si el liderazgo estadounidense sigue estando en manos de figuras con una visión marcadamente unilateral, como ocurre durante esta presidencia de Donald Trump, podría darse el caso de que Washington priorizara sus intereses estratégicos por encima de resoluciones internacionales que considerase contrarias a su seguridad nacional, “America firts” es su grito de guerra. Esto no sería nuevo en la política exterior estadounidense, especialmente en esta época en la que, “el “rubio pistolero del salvaje oeste americano, parece estar dispuesto a desenfundar a la primera de cambio, su colt 45 largo, contra todo aquél que no le ría la gracia o no comulgue con sus intereses”; aunque sea consciente que siempre conllevaría un coste diplomático.
Por otra parte, conviene subrayar que una guerra directa entre Estados Unidos e Irán no sería comparable a conflictos recientes en la región. No podemos obviar que Irán posee capacidades militares significativas, redes de aliados no estatales y una posición geográfica estratégica; así pues, no se trataría de una operación breve y quirúrgica, sino potencialmente de un conflicto prolongado, con múltiples frentes indirectos.
Lo que está meridianamente claro y no hace falta ser profeta para vaticinarlo, es que las principales consecuencias globales serían:
1. Impacto energético inmediato
El efecto más rápido y visible sería el encarecimiento del petróleo y del gas. Incluso sin un cierre total del estrecho de Ormuz y la mera percepción de riesgo dispararía los precios. Los mercados energéticos reaccionan no solo ante hechos consumados, sino ante expectativas.
2. Inestabilidad financiera
Los mercados bursátiles globales tenderían a la volatilidad. El capital buscaría refugio en activos considerados seguros, mientras las economías más dependientes de la energía importada sufrirían presiones inflacionarias adicionales.
3. Expansión regional del conflicto
Irán podría optar por respuestas asimétricas a través de aliados regionales. Esto ampliaría el conflicto más allá de un enfrentamiento bilateral, afectando a Israel, al Golfo y posiblemente al Mediterráneo oriental.
En cuanto a la posible afección sobre La Unión Europea (UE), aunque no sea un actor militar directo en este hipotético escenario, sufriría consecuencias claras y tangibles. Pues hay que tener presente que Europa sigue siendo en gran medida dependiente de importaciones energéticas, y por lo tanto provocaría a corto plazo un repunte sostenido del precio del petróleo y del gas, que a su vez impactaría en el encarecimiento de la energía, traducido en el precio del combustible, el coste del transporte, la factura eléctrica y la temible inflación general; lo que, para el ciudadano medio, esto se traduciría en pérdida de poder adquisitivo.
Si el encarecimiento energético alimenta la inflación, el Banco Central Europeo podría verse presionado a mantener o incluso subir tipos de interés, y esto afectaría directamente a hipotecas, préstamos y financiación empresarial; sin olvidar que, un shock energético prolongado podría empujar a varias economías europeas hacia el estancamiento o la recesión. Sectores industriales intensivos en energía serían los más afectados y además sería casi seguro, que apareciera un conflicto regional ampliado, amén a de aumentar la amenaza de terrorismo o inestabilidad en la periferia mediterránea
Lo tentador ahora seria intentar reducir este tipo de tensiones a una narrativa de “buenos contra malos”, pero esa lectura empobrece el análisis. Tanto Estados Unidos como Irán actúan en función de intereses estratégicos, percepciones de amenaza y dinámicas internas, y por desgracia, la política interior de ambos países influye tanto como la geopolítica.
Asimismo, no todo episodio de tensión desemboca necesariamente en guerra. De hecho, la historia reciente muestra múltiples momentos en los que la escalada fue contenida por cálculo racional, presión diplomática o mediación indirecta.
Como conclusión final, puedo asegurar, sin jugar a ser “profeta barato”, que hablar de una guerra abierta entre Estados Unidos e Irán sigue siendo, a día de hoy, un escenario hipotético, aunque no imposible y las consecuencias serían globales, especialmente en el ámbito energético y económico, que afectarían directamente al ciudadano europeo de a pie en su vida cotidiana.
Más que el estallido inmediato de un conflicto total, el riesgo más probable es una prolongación de la tensión crónica: sanciones, incidentes puntuales, guerra híbrida y presión económica. En ese terreno intermedio, menos espectacular pero más persistente, es donde realmente se juega el equilibrio del Golfo Pérsico y, en buena medida, la estabilidad económica mundial.
La clave no está crear alarmismo, sino en comprender que, en un mundo interconectado, incluso los conflictos regionales tienen efectos que llegan hasta la cesta de la compra de cualquier ciudadano europeo como usted y yo.
Ya sé que, a las personas de bien, además creemos y abrazamos los principios humanistas, esta situación que por desgracia va a provocar “el pistolero rubio del salvaje oeste americano”, contra el que se ha empeñado que es el forajido más cruel de toda la Aldea mundial, no nos gusta nada; pero como decimos por mi pueblo…. “A estas alturas una cosa está clara cristiano; y es que, la penca de tuno que está para uno, no hay baifa que se la coma y a la orilla de la mar cantaba una loca, cada uno se jode cuando le toca”
¡Qué cosas!
Fdo: Julio César González Padrón
Marino Mercante y Escritor

No hay comentarios:
Publicar un comentario