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| Historia en el sur de Gran Canaria, año 1986 |
Rondaba finales del año 1986, yo tenía diecisiete años, y
trabajaba en el mar como muchos
jóvenes de mi generación
Cada día me tenía que dirigir de madrugada hasta la playa de
Tarajalillo al sur de la isla, lugar donde el patrón del barco en el que yo
trabajaba con diferentes artes de pesca como el chinchorro, las nasas, trasmayo
y demás, tenía una casita humilde, dónde
allí se encontraba el barco de nombre el
espada ,
Allí la vida era de trabajo cuándo el gran atlántico
estaba cooperativo y podíamos salir a
faenar, en esa casita era donde empezaba
todo, primero con un buen café bien
caliente de esos que te hacen sentirte como en casa,
Luego empezábamos la
faena, primero a base de parales empezábamos a mover hasta depositar el espada
en la misma orilla, donde allí embarcábamos el material necesario como el arte del
chinchorro bien claro para no sufrir enredos,
También las betas de cabos necesarios para el lance previsto
Que por cierto eran muchísimos metros de cabos,
muchísimos más de lo habitualmente,
todo preparado,
salvavidas, remos,
motores fueraborda etc.,
Ya habiendo botado el
espada al agua, navegamos hasta la
próxima playa de San Agustín, donde
marcando la posición en la arena con un mechón encendido (mechón antorcha artesanal),
para que nos viera el barco ya que son
la una de la mañana, se deja una cala en tierra (cala extremo de una soga)
Y el barco sigue rumbo asía el oscuro mar donde se sigue
soltando cabo, hasta regresar a tierra tres horas después y así quedando la red pescando, el barco se acerca hasta la playa y entrega la otra cala ese es el
momento de empezar a tirar de la red con
ganas ,
Ya que tiene que empezar
a pescar todo iba bien con
normalidad, éramos ocho personas divididas entre las dos bandas jalando de las
dos calas y así comenzó la red a avanzar
estrogo a estrogo continuamente, sobre las siete de la mañana se divisa aló
lejos una forma entre la oscuridad y la
poco de luz del amanecer,
Esa silueta se acerca cada vez más hasta darnos cuenta tarde que en nuestra red traemos
un yate, que navegaba a la deriva, sorprendidos por el evento incrédulos por el
tamaño de la nave, logramos amarrarlo antes de que volcara, tras
encallar en la arena y dar aviso a las autoridades que se presentan en el lugar,
y los cuales localizan al propietario en
la playa de Bahía feliz,
el señor demuestra un
verdadero trato de malestar asia nosotros ordenando que soltáramos su nave, que le aconsejamos mantener amarrado por
precaución, cosa que no acepto y así obedecimos, y el precioso yate termino zozobrando a merced
del oleaje acostando su quilla y dejando, a flote todos sus elementos siendo invadido por
el mar ,
el gran atlántico muchas veces con su poder descomunal nos
demuestra que esos son sus dominio y queramos o no somos más que unos intrusos
en sus orillas, perdiendo ambas partes el propietario su embarcación y nosotros el destrozo de parte de nuestro
material de trabajo y desilusionados con un trabajo que creímos fructífero, ese día de trabajo perdido,
Y así termino un día diferente de faena de pesca...
Joaquín Santana:
Muy mala actuación la del propietario del barco naufragado. Felicidades a ustedes que arriesgaron su vida.
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