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| Trump y Benjamín |
Por: Julio César González Padrón
Artículo de opinión
Si eres lector asiduo de mis “artículo de opinión”, que a diario publico en esta revista digital, habrás echado en falta, el que pertenecía al domingo; ya que los lunes, por ser “día de los zapateros” me lo tomo también de descanso literario.
El motivo de no haber publicado nada para ese día, se debió a que, como “buen españolito” aproveché el puente del uno de mayo para darme una escapadita al Sur de Gran Canaria, y mas concretamente a un lugar idílico, poco conocido, donde además de descansar profundamente, respirar aire puro, escuchar el silencio, tomar Sol plácidamente y sentir el placer olvidado de matar moscas cojoneras con un paño.
Les estoy hablando de la finca que mi colega y amigo, también viejo lobo de mar Manolo León “el Patrón” posee en el Salobre (municipio de Arguineguín).
Y es que mis queridos amigos, como buen marino, él siempre soñó para su retiro, el poder disfrutar de una finquita, donde pudiera poner en marcha, su “sueño dorado” y que todos lo tachaban de loco, cuándo lo contaba en público. Este, en principio “disparate”, propio de un medio chiflado marino mercante, cansado de dar vueltas al mundo por todos los mares y océanos conocidos, no era otro que, desafiando la lógica de la naturaleza, crear en el sur de Gran Canaria, un autentica plantación de café. Si, como lo oyes, querido lector; un cafetal en toda regla y en estas latitudes. Cafetal por otra parte, que sería único en Europa, porque lo que no sea capaz de llevar a cabo mi amigo y colega “el Patrón” es que aún no se ha inventado, pues como viejo lobo de mar, está acostumbrado a ponerle “a golpe de mar, pecho sereno” y decir como el mismo Simón Bolivar, después del terremoto de Caracas del 26 de marzo de 1812…” Si la naturaleza se revira contra nosotros, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. A lo que yo añado de mi cosecha …, ¡Olé tus cojones Simón!, ¡Cómo se nota que en tus venas llevas sangre canaria!
Así que aquí está nuestro “Patrón” que tan solo unos años después de dejar la mar, ya posee un rico cafetal, como el de la canción…. “La gente vive criticándome porque paso la vida sin pensar en ná…. Pero no saben que yo soy el dueño de un frondoso y rico cafetal…” Pero, además, logrado, tomándole el pelo a los pardillos del Seprona, que no paraban de visitarlo con el “rollo progre ecologista” de las famosas plantas invasoras que estarían prohibidas planta en Canarias. ¿Acaso las papas no son también invasoras? ¡Ar favó, Seprona!
Pues como les digo estoy pasando unos días de descanso, en los dominios del “el Salobre” pertenecientes a mi amigo Manolo “el Patrón”; por cierto, lo de “descanso” es un decir porque mi estado actual es también el de felizmente jubilado, pero “sin finca”. Yo en cambio, recuperé mi vieja afición por la literatura y la de escribir libros, que ya llevo 15 publicados. Y los que me quedan. Jajajaja
Anoche y posiblemente como producto de la tremenda “solajera” que soporté durante todo el día, al acostarme tuve un sueño que no me resisto a quedármelo para mí, pues en el hallé la respuesta a una pregunta que llevaba haciéndomela desde algún tiempo…. ¿Están Donal Trump y Bemjamin Betanhaju bien de la cabeza? O por el contrario y como sospechaba, están como un par de “jairas calzonas” (ver mi libro sobre el léxico canario)
Desde luego, en mis 74 años habré soñado muchas veces, pero nunca que me encontrara en un teatro, donde me disponía a ofrecer un monologo. Y te lo cuento tal como ocurrió todo:
De repente se encendían las luces. Yo entro al escenario con paso solemne, como quien va a anunciar que se ha acabado el papel higiénico en la finca de mi amigo “el Patron”. El público guarda silencio. Yo respiro hondo. Empieza la tragedia cómica.
Buenas noches, buenas tardes o buenos días caballeros y caballeras, dependiendo de cuándo hayan decidido ustedes que es buen momento para cuestionarse la salud mental de dos líderes mundiales, como serían Donal Trump, al que yo llamo: “rubio pistolero de aldea salvaje del Oeste americano” y la del “bélico judío, perteneciente a una de las tribus del David bíblico”.
Yo, por ejemplo, lo de cuestionármelo, lo hago a cualquier hora. Con café, sin café, con sueño, sin sueño… tanto que ya es un hobby.
Porque últimamente, cada vez que leo las noticias, siento que mi cerebro se pone una bata blanca, se ajusta unas gafas imaginarias y me dice: “Vamos a ver… ¿Qué nueva ocurrencia han tenido ahora estos señores?”
Y ahí estoy yo, intentando mantener la compostura, como si fuera fácil. Porque una cosa es leer titulares normales —“sube la temperatura”, “bajan los precios”, “tu vecino vuelve a aparcar fatal” “Pedro Sánchez dijo una verdad” o que “Ayuso le quitó el puesto a Feijó” — y otras es leer cosas que te hacen preguntarte si estás viviendo en un universo paralelo escrito por un guionista con exceso de entusiasmo.
Y a todas estas, sudoroso e inquieto, sueño que me levanto por la mañana, abro el móvil y… ¡Zas! Otro acontecimiento. Otro giro inesperado. Otro momento en el que mi alma se sale de mi cuerpo; pues hoy que me entero que el americano rubio y pistolero, le ha dicho a su colega el judío que, si él invade el Libano, él que no va a quedarse atrás, su próximo capricho será invadir “Cuba”, y para que le crea ya ha mandado a uno de sus porta aviones a instalarse frente a la Habana y concretamente el USS JOHN F. KENEDY, que no es precisamente “moco de pavo”
Mi espíritu que se disponía a ocupar ya mi cuerpo despierto, me mira desde arriba y me dice: “¿Seguro que quieres seguir leyendo Julio?”
Pero claro, uno como a viejo lobo de mar, la curiosidad le mata, además Manolo “el Patron” aun no me ha traído esa taza de café a la cama como me había prometido y por qué no aceptarlo, la curiosidad es poderosa. Además, , seamos sinceros, a estas alturas, ya es como seguir una serie: “No entiendo nada, pero no puedo dejar de mirar”.
Yo intento ser racional. De verdad. Me siento, me pongo serio, y digo: “Vamos a analizar esto con calma, Julio”.
Pero luego veo ciertas declaraciones, ciertos comportamientos, ciertos momentos que parecen improvisados por alguien que confundió la política con un “show de talentos” … Y mi racionalidad, aunque pertenezca a la un mauro de Telde, se me larga de vacaciones sin avisar.
Mi cerebro, agotado, me dice: “Mira, yo ya no puedo más. Si quieres entender esto, búscate otro órgano”, pero a mi me dejas tranquilo, que eres mas plasta que tu antiguo profesor de Teoría del Buque en la Escuela de Nautica de Tenerife, el Sr. Majin, que nadie lo entendía y más de uno, como tú mismo, tuvieron que largarse a la Escuela de Nautica de Cadiz para aprobar la signatura y de camino, si no era mucho pedir, enterarnos de que iba la cosa.
Claro que, lo mejor es que no soy el único. Hablo con amigos, familiares, desconocidos en la cola del supermercado… Y todos tienen la misma cara. Esa mezcla entre ¿Qué está pasando? y ¿Por qué no me hice portero de discoteca en vez de seguir las noticias?” o incluso el panadero, que me dijo el otro día: ¿Quiere barra, baguette o una explicación de lo que está ocurriendo? ¡Pobre de mí! Yo, maúro de Telde desde pequeñito, le contesté: “La explicación, por favor”. Y él: “¡Uy!, (godo que era), me dice con acento de Valladolid … Pues de eso no tenemos chaval. Perdón por lo de “godo”, pero éste. juro que no era peninsular de la península Ibérica, sino “godo puro” con una manifiesta tendencia a “godillo al uso”
Y entonces llega el momento. Ese instante dramático en el que yo, iluminado por un foco cenital, levanto la mirada al cielo y digo:
Pero … ¿Están Donald Trump y el otro pollo frito, bien de la cabeza?”
El público contiene la respiración. Yo hago una pausa larga, teatral, de esas que harían llorar a Shakespeare. Y luego digo:
“No lo sé. Pero lo que sí sé, es que yo ya no estoy bien de la mía intentando entenderlos” y desde luego no es por el Sol de hoy, poque llevo ya tiempo cuestionándomelo y como me he pasado el día con mi amigo el Patrón, escuchando su aventura por África, de cuando tuvo que refugiarse en plena selva, por atreverse a pescar en la zona sin licencia, o a lo peor es que me he terminado de confundir del todo.
El telón no baja. La historia sigue. Los titulares continúan apareciendo como si tuvieran vida propia.
Y yo sigo aquí, sin mi café, mi ceja permanentemente levantada y mi eterna duda dando vueltas como un ventilador en agosto.
Se apagan las luces. El público aplaude. Yo hago reverencia. Y me voy a casa a seguir preguntándome cosas que al dio de hoy no tienen respuesta, para seres normales
A todas estas ya me he despertado y de teatro, nada de nada, pues la primera cara que veo es la de Manolo “el Patron” que me dice… ¡Arriba gandul!, que te tengo que enseñar los cafetales que planté hace unos años y los pardillos del Seprona, no se enteraron; claro que les tuve que invitar aquí en la finca a un Caldo de Pescado, con un cherne que me regaló Antoñito “la morena” ¡Si, hombre! El de Arguineguín, que se casó con Fefita “la pejina”
Pero lo más rascado que me dejó, fue que no terminé de salir de la duda, si es que Donal Trump y el otra figura, estaban o no mal de la azotea. O es que de tanta agua oxigenada usada para mantener rubia su cabellera, y el judío Bemjamin Netanyahu que de tanto leer las promesas que Yavé le dejó escritas en el Antiguo Testamento, se han vuelto majaras del todo y con tal mala suerte, que no se dejan aconsejar por nadie, los muy jodidos, y así están los dos como unas “cholas de plástico” compradas en los chinos y en verano para cruzar el desierto del Sahara.
¡Qué cosas!
Fdo. Julio César González Padrón
Marino Mercante y escritor
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Hay cosas que cuestan entender
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