Y un día te despiertas y miras a tu alrededor, todo es silencio.
Paz, tranquilidad, o simplemente soledad miras al techo y programas el día - desayuno mi café con leche con un poco de pan y quesito tierno, ya los dientes no ayudan, un poco de aseo y mi compañero cantarín que reclama mi atención.
Ya no tengo obligaciones, miro a mí alrededor y ahí sigue todo en su sitio desde que empecé mi vida familiar.
Tantas cosas que antes tenían un sentido, un aprecio profundo, mi colección de libros leídos, mis discos de vinilo, los regalos de mis hijos, guardados como pequeños tesoros que me recuerdan que están ahí, en sus cosas, en sus vidas.
Mientras tuve compañer@ de vida, compartíamos quejidos, dolores, también risas y como no ardores jjj.
Ahora solo los recuerdos combaten los silencios, siempre fue la radio mi mejor aliada, la música el baile, el cine, el teatro llenaban mi vida de momentos inolvidables.
El mueble bar sigue guardando aquellas copas y vasos que compartimos con amigos, o en un tú y yo q tanto nos gustaba.
Nuestra ropa desgastada por el paso del tiempo- ya las toallas no secan se han ido quedando acartonadas.
Todavía quedan restos del ajuar escondidos en esos muebles conservados en el tiempo, muebles q han perdido su brillo y huelen a tiempo.
Antes todo olía a fresco, a limpio.
Todo tenía un brillo que poco a poco se fue quedando en el tiempo, ahora todo huele a añejo.
Ya no hay fuerzas para lustres, para banquetes, nos invade el cansancio de lo vivido, de lo gozado.
Y nos queda la pena de lo añorado.
Pero todavía tengo una ventana por donde entra la luz del sol, mi momento de paz donde las páginas de los libros pasan más lentamente, porque el sueño me vence y me doy el lujo de echar una cabezada.
Escucho mi música preferida sin peligro de que nadie me reproche mi gusto musical, le dedico tiempo a mis hobbies.
Cómo lo que quiero y puedo, gozo de "buena salud", así q ya no tengo mirar si engordo por comer un postre de más o de menos.
De vez en cuando alguien se acuerda, y hace una llamada de teléfono, incluso se atreven y te hacen una visita.
Y ya uno entiende que, dentro de su declive existencial, todavía hay momentos para saborear solos, o acompañados.
Esto, es lo que nos espera contando con un poco de suerte en la salud, y no es ni bueno ni malo, es la realidad de muchas personas que llegan a la ancianidad.
Todo depende cómo te lo tomes.

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