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sábado, 16 de agosto de 2025

España arde… y la política se enfría

 



“Cenizas en las manos, humo en las palabras”


No se recuerda una campaña de incendios tan voraz y trágica en España desde hace décadas. Los mapas de calor parecen heridas abiertas sobre nuestro territorio, y las cifras de hectáreas arrasadas superan la capacidad de asombro de un país que, año tras año, ve cómo sus bosques, su fauna y sus pueblos desaparecen bajo el humo. Las imágenes de montes calcinados, casas reducidas a cenizas y familias evacuadas con lo puesto se repiten como un eco amargo que ya no sorprende… y eso, quizás, es lo más alarmante.

En primera línea, hombres y mujeres luchan contra el fuego con el cuerpo y el alma. Bomberos forestales, militares, voluntarios, vecinos que cargan cubos de agua, agricultores que usan sus tractores como cortafuegos improvisados. Gente que no pregunta a quién pertenece la tierra que defienden del fuego, ni de qué partido es el alcalde del pueblo que protegen. Son ejemplo de solidaridad y de entrega, a menudo con recursos precarios, jugándose la vida sin más recompensa que salvar la de otros.

Mientras tanto, desde los despachos, el contraste duele. Allí donde el pueblo se une para sostener la manguera, los dirigentes políticos se enzarzan en debates estériles. La tragedia se convierte, una vez más, en arma arrojadiza. El fuego en los montes se replica en los platós y en los parlamentos, donde las llamas ya no son de pino y jaras, sino de acusaciones y reproches. Mientras se ahogan familias bajo el agua de las riadas, o arden entre llamas que avanzan como cuchillas de viento, la clase política parece más preocupada por quién capitaliza el desastre que por evitarlo.

Y surge una pregunta que se clava como un rescoldo: ¿cuántas personas tienen que morir, cuántos hogares deben quedar reducidos a escombros, cuántas hectáreas se han de perder para que todas las administraciones arrimen el hombro sin que haya que pedirles socorro? Porque el fuego no entiende de competencias, ni de fronteras autonómicas, ni de elecciones. El fuego solo devora.

España arde, y mientras algunos luchan con las manos, otros discuten con la boca o el post más ocurrente. La diferencia es que, cuando todo esto acabe, los que estuvieron en primera línea no tendrán más que ceniza en las botas… y los que estuvieron en la trinchera política seguirán con las manos limpias. Demasiado limpias.


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