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| Habla un pensionista |
Cuando la preocupación de nuestros mayores merece algo más que consignas de campaña
"Las pensiones no necesitan salvadores; lo que necesitan es honestidad"
Por: Julio Cesar González Padrón
Artículo de opinión
Cada vez que se aproxima una cita electoral, las pensiones regresan al centro del debate político. Y es lógico que así sea. Hablamos del sustento de millones de españoles que, después de toda una vida cotizando y trabajando, esperan legítimamente recibir la prestación que les corresponde.
Sin embargo, también es en estos periodos cuando proliferan mensajes alarmistas, sobre todo con origen en los partidos de izquierda, tan dados a sembrar el miedo y los bulos, que lejos de aportar serenidad, generan inquietud entre quienes más merecen tranquilidad.
Se habla de la supuesta desaparición de las pensiones, de recortes inminentes o incluso de amenazas contra el sistema público. Conviene, por tanto, analizar la situación con rigor y alejarse del ruido electoral.
“La primera verdad: las pensiones no están en peligro de desaparición”
La afirmación de que algún partido democrático con posibilidades reales de gobierno pretende eliminar las pensiones públicas carece de un fundamento absoluto, rozando la falta de respeto a la sociedad.
Las pensiones forman parte de uno de los pilares básicos del Estado social recogido en la Constitución Española. Además, el mantenimiento del sistema cuenta con un amplísimo consenso político y social. Las discrepancias existentes se refieren a su financiación, sostenibilidad futura o fórmulas de gestión, pero no a su supresión.
Ninguna formación con representación relevante en las Corte, jamás ha planteado seriamente eliminar las pensiones públicas. Presentar esa hipótesis como una amenaza real puede resultar eficaz desde el punto de vista electoral, pero difícilmente contribuye a un debate honesto.
Otra cuestión distinta es la necesidad de seguir adaptando el sistema a desafíos evidentes: el envejecimiento de la población, la baja natalidad, el aumento de la esperanza de vida o la futura jubilación masiva de las generaciones del denominado "baby boom". Esos retos existen y sería irresponsable ignorarlos. Pero reconocer problemas no significa admitir que el sistema vaya a desaparecer.
“La memoria también importa y mucho”
En política suele haber una curiosa tendencia a recordar únicamente los errores ajenos. Sin embargo, la honestidad exige recordar toda la historia.
Y la única verdad es que, durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en pleno contexto de la crisis económica y financiera, se aprobó la suspensión de la revalorización de gran parte de las pensiones para 2011; congelarlas, Una decisión incluida dentro de un amplio paquete de ajuste destinado a reducir el déficit público. Aquella medida afectó a las pensiones contributivas, aunque mantuvo la protección de las pensiones mínimas y no contributivas.
En esas mismas medidas también se aprobó una reducción salarial para los empleados públicos. Y de estas dos cosas, parece haberse olvidado el PSOE Sanchista. Eso le ocurre, por haberse inventado la LOGSE, que cada vez lo hace más progres, pero al mismo tiempo “más burro y desmemoriados, aunque eso si, enamorados como Pedro Sanchez.” Jajajajaja
Posteriormente, durante los gobiernos del Partido Popular, se implantó un sistema de revalorización que garantizaba una subida mínima del 0,25% anual. Aquella fórmula fue muy controvertida porque, en años de inflación superior, suponía una pérdida de poder adquisitivo para los pensionistas. Sin embargo, técnicamente no significó una congelación, ya que las pensiones siguieron aumentando nominalmente.
Por tanto, si queremos hablar con seriedad, conocimiento de la verdad y rigor, debemos reconocer que unos congelaron parcialmente las pensiones en un contexto extraordinario y otros las desligaron temporalmente del IPC mediante subidas mínimas. La historia completa raramente cabe en un eslogan.
“El Pacto de Toledo: el verdadero muro de contención”
Si existe una garantía razonable para el futuro de las pensiones, esa garantía tiene nombre propio: “Pacto de Toledo”
Desde hace décadas, la inmensa mayoría de las fuerzas políticas han intentado preservar un marco de consenso que permitiera sacar las pensiones del enfrentamiento partidista. Entre sus recomendaciones más recientes figura la defensa del mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas mediante su actualización conforme al IPC.
Ese acuerdo constituye probablemente una de las mejores noticias para los jubilados españoles, porque introduce estabilidad y reduce la incertidumbre ante cada cambio de gobierno.
En otras palabras: las pensiones no dependen únicamente del color político del Ejecutivo de turno. Existe un amplio consenso institucional que busca protegerlas frente a las oscilaciones de la batalla electoral.
El debate pendiente: ¿debe un pensionista pagar IRPF?
Existe, sin embargo, una cuestión que sigue generando incomprensión entre muchos pensionistas.
Miles de jubilados se preguntan… ¿Por qué deben tributar por una prestación que perciben después de haber cotizado durante décadas? Es una conversación habitual en cafeterías, plazas, centros de mayores y reuniones familiares.
Jurídicamente, la legislación española considera las pensiones públicas como rendimientos del trabajo y, por tanto, están sujetas al IRPF con los mismos criterios progresivos que otros ingresos. Sin embargo, ello no impide debatir si resulta justo o conveniente mantener ese tratamiento fiscal.
Los defensores de eliminar o reducir sustancialmente el IRPF sobre las pensiones argumentan que durante toda la vida laboral ya se efectuaron importantes aportaciones a la Seguridad Social y que la pensión no constituye una nueva riqueza, sino la devolución diferida de un derecho generado previamente.
Quienes sostienen la posición contraria recuerdan que las pensiones son una renta periódica financiada por el sistema vigente y que el IRPF grava la capacidad económica actual del contribuyente, con independencia del origen de los ingresos.
Es un debate legítimo y abierto. Pero quizá ha llegado el momento de abordarlo sin prejuicios ideológicos y con auténtica voluntad de consenso.
“La propuesta de un viejo lobo de mar y mauro de Telde, para desterrar el miedo de una vez por todas es la siguiente:”
Quizá haya llegado el momento de dar un paso más y transformar los consensos políticos en una garantía jurídica de máximo nivel.
Si existe un acuerdo prácticamente unánime en la sociedad española sobre la necesidad de preservar el sistema público de pensiones, ¿por qué no elevar esa garantía al máximo rango normativo posible?
Sería razonable abrir un debate sereno sobre la incorporación expresa en la Constitución Española de una cláusula que garantice el mantenimiento del sistema público de pensiones y su percepción por parte de los ciudadanos que hayan generado ese derecho mediante sus cotizaciones y conforme a la legislación vigente.
Una medida de esta naturaleza tendría un enorme valor social y psicológico. En primer lugar, reforzaría la seguridad jurídica de millones de pensionistas actuales y futuros. En segundo lugar, contribuiría a sacar definitivamente las pensiones del enfrentamiento partidista que cada cierto tiempo reaparece en la vida política española. Y, finalmente, ayudaría a combatir uno de los mayores males que sufren nuestros mayores: la incertidumbre.
Porque resulta difícilmente comprensible que, elección tras elección, vuelvan a escucharse advertencias apocalípticas sobre la supuesta desaparición de las pensiones cuando, al mismo tiempo, existe un amplio consenso político e institucional sobre la necesidad de preservarlas.
Blindar constitucionalmente este derecho no resolvería por sí solo los desafíos financieros o demográficos que deberá afrontar el sistema en las próximas décadas. La sostenibilidad seguirá exigiendo reformas, adaptación y responsabilidad por parte de los distintos gobiernos. Pero sí enviaría un mensaje inequívoco a la sociedad que se traduce en que “las pensiones forman parte de los compromisos permanentes del Estado con sus ciudadanos y no pueden convertirse en moneda de cambio electoral”.
De esa forma, el debate político podría centrarse en cómo mejorar el sistema, hacerlo más sostenible y más justo, en lugar de dejarse de “macahangadas” como las de alimentar temores sobre su propia existencia, y además enlazaría perfectamente con la conclusión ya existente del artículo: "Nuestros mayores merecen información veraz, no propaganda. Merecen datos, no consignas. Merecen certezas, no amenazas electorales."
Porque, al fin y al cabo, la tranquilidad de quien trabajó toda una vida no debería depender de cada campaña electoral, y de las izquierdas los alarme con que… ¡Qué vienen el lobo! sino de una garantía firme, duradera y respetada por todos. Como ocurre con los grandes y eso se lo deben meter en la cabeza todos los pensionistas de una vez por todas. “esas falsas alarmas propias de de la izquierda, cada vez que se acercan las elecciones y para preocupar a nuestros mayores, es pura patraña, para intentar conseguir votos al precio que sea.
Como todos los faros que guían a los navegantes en medio de la tormenta, hay derechos que deberán permanecer siempre encendidos, con independencia de quién ocupe el puente de mando.
Así que, y como conclusión final, te digo…Menos miedo y más verdad
La sociedad española afronta importantes desafíos en materia de pensiones. Negarlo sería ingenuo. Pero alimentar el miedo entre nuestros mayores resulta igualmente irresponsable.
Las pensiones no están amenazadas por una supuesta voluntad política de eliminarlas. Lo que sí está en discusión es cómo garantizar su sostenibilidad futura, cómo mantener su poder adquisitivo y cómo repartir de forma justa los esfuerzos necesarios para preservarlas.
Nuestros mayores merecen información veraz, no propaganda. Merecen datos, no consignas. Merecen certezas, no amenazas electorales.
Porque después de toda una vida trabajando, cotizando y contribuyendo al progreso de España, lo mínimo que podemos ofrecerles es algo que hoy parece escasear más que nunca: respeto, serenidad y verdad. Y que los políticos sean de la cuerda que sean no deben olvidar que "Las pensiones no necesitan salvadores, lo que necesitan es honestidad" y tomen como ejemplo que yo, con dos “Dulas de agua” riego cada 20 días las plataneras y hasta me sobra agua., aunque he de reconocer que algunos, y especialmente si son de esos carotas, vagos, liberados sindicalistas puros de libro ,que como no conocen lo que es el trabajo duro, no me creerán y prefieren meter miedo a los mayores con eso que “la derecha facha” le va a quitar las pensiones a los mayores jubilados , y mientras tanto, ellos siguen chupando tan ricamente de las subvenciones del Estado, sin necesidad de disparar “un chícharo” y hartarse a marisco en las celebraciones del 1 de mayo. Y es que, amigo… ¡Caso han dado!
¡Qué cosas!
Fdo:
Julio César González Padrón
Marino Mercante y escritor

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