Cuando aún no hemos terminado de comernos el roscón de Reyes, ya tenemos que ir mirando el disfraz que deseamos lucir en las carnestolendas, y es que, apuramos la vida como si no hubiera un mañana, tememos que nos fuera a durar dos días y medio.
Viven como si les faltara tiempo para acudir a todos los eventos habidos y por haber, euforia que aprovechan las empresas de ocio para invitarnos a no quedarnos sin ningún sarao que se precie, y allá que vamos a reservar las entradas no sea que para mañana sea tarde.
Esto ocurre también con las compras de Navidad, lo hacemos a la prisa sin apenas mirar precios ni talla, pero, hay que comprar y lo hacemos convulsivamente pues lo que importa es cumplir con las tradiciones y gastamos lo que tenemos y lo que no porque hay que hacer gastos sí o sí.
Las hay que piden préstamos para cumplir con el mandato divino de comprar por comprar mientras van de una tienda a la otra cargadas de paquetes.
Esas personas son las primeras que se quejan de lo mucho que ha subido la cesta de la compra.
Ver para creer.
María Sánchez.

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