Si alguna vez has paseado por el puerto, seguro que has visto barcos sujetos al muelle por varias cuerdas. Pero en el mundo marinero hay una regla de oro: las "cuerdas" no existen, se llaman cabos. Y la punta de cada uno de esos cabos tiene un nombre propio muy curioso: el chicote.
Entender cómo funcionan los cabos y cómo se amarra un barco es más fácil de lo que parece. Aquí te lo contamos de forma sencilla y sin rodeos.
Las partes de un cabo
Para manejar un cabo en el mar, los marineros dividen la cuerda en tres partes muy claras:
- El chicote: Es la punta o el extremo libre de la cuerda. Es la parte con la que juegas para hacer los nudos.
- El firme: Es el resto del cabo, la parte más larga que se queda tensa o sujeta al barco.
- El seno: Es la curva o bucle que forma la cuerda cuando no está completamente estirada.
¿De qué están hechos y para qué sirve cada uno?
No todos los cabos son iguales. Según lo que necesite el barco, se usan materiales con diferentes características:
- Cabos elásticos (Nylon): Funcionan como un muelle. Son ideales para amarrar el barco al muelle porque amortiguan el tirón de las olas sin romperse.
- Cabos rígidos (Poliéster): No se estiran casi nada. Se usan para manejar las velas, ya que se busca que la vela quede firme y no pierda la forma con el viento.
- Cabos flotantes (Polipropileno): Como flotan en el agua, son perfectos para socorro o para remolcar otros barcos, evitando que se hundan y se enganchen con la hélice.
Los tres tipos de amarres básicos
Para que un barco no se vaya a la deriva cuando está aparcado en el puerto, se sujeta mediante tres direcciones principales:
- Los cabos de proa y popa (Largos): Salen de la punta delantera o trasera del barco hacia el muelle. Su misión es evitar que el barco se mueva hacia adelante o hacia atrás.
- Los cabos cruzados (Esprines): Van cruzados desde el barco al muelle. Ayudan a frenar el barco para que no se desplace a lo largo del muelle.
- Los cabos de lado (Travesés): Salen rectos desde el costado del barco al muelle. Sirven para mantener el barco bien pegado a la pared para que no se aleje de lado.
detrás de cada nudo y de cada cabo hay una función muy clara: conseguir que la embarcación se quede segura y tranquila en su sitio, sin importar cómo se mueva el agua.

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