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sábado, 13 de junio de 2026

VISITA DEL PAPA LEÓN XIV

EL PAPA DEBERÍA DE HABERTE CONOCIDO
 

España volvió a mirarse a sí misma en la visita del Papa


Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión

A veces un país necesita un espejo inesperado para reconocerse, y esta semana, ese espejo ha sido la visita del Papa a España, lo digo sin rodeos: “en mis 74 años de vida, jamas había visto tanta gente y tan distinta unida por un mismo gesto de respeto, curiosidad y afecto. No hablo solo de fe —que también— sino de algo más profundo: la necesidad de reconocernos como comunidad.

“Madrid: una ciudad que se volcó sin complejos”

La visita comenzó en Madrid, y lo que allí se vivió fue sencillamente impresionante. Las madrileñas —y digo madrileñas porque fueron ellas, sobre todo, quienes llenaron las calles con una energía contagiosa— ofrecieron una bienvenida que desbordó cualquier previsión. No era solo devoción; era cariño, era hospitalidad, era esa mezcla tan madrileña de espontaneidad y orgullo.

El Bernabéu lleno, Cibeles convertida en un océano humano, la vigilia juvenil en Plaza de Lima… Madrid demostró que cuando quiere, sabe estar a la altura de los grandes momentos. Y lo hizo sin crispación, sin ruido político, sin esa tensión que tantas veces nos divide. Fue un Madrid luminoso.

“Barcelona: espiritualidad, cultura y una ciudad que escucha”

En Barcelona el tono fue distinto, pero igual de significativo. La Sagrada Familia, con su luz filtrada y su arquitectura que parece respirar, se convirtió en el escenario perfecto para un mensaje más íntimo. Allí, el Papa habló de diálogo, de convivencia, de la necesidad de tender puentes. Y la ciudad respondió con respeto y con una elegancia que solo Barcelona sabe desplegar cuando se lo propone y se olvida de su “perreta” independentista.

La imagen del papamóvil recorriendo sus calles, entre aplausos y móviles en alto, fue la prueba de que, más allá de las diferencias, hay símbolos que todavía nos convocan.

“Canarias: cuando el corazón se reconoce en las palabras del Papa”

Pero si hubo un momento que me tocó especialmente —y hablo ya desde lo personal, desde lo que uno siente en las entrañas— fue la visita a Canarias. Porque aquí, en nuestras islas, el Papa no vino solo a celebrar misas o a saludar multitudes. Vino a agradecer. A reconocer. A mirar de frente a un pueblo que lleva años sosteniendo, casi en solitario, una realidad migratoria que desborda cualquier estadística.

Cuando el Santo Padre felicitó públicamente a los canarios por nuestra labor con los migrantes, especialmente con los menores no acompañados, sentí algo parecido al orgullo. No un orgullo vacío, sino uno que nace del esfuerzo, del cansancio, de la solidaridad real. Porque aquí, sin medios suficientes, sin la atención que merecemos desde el Estado central, hemos hecho lo que había que hacer. Y lo hemos hecho bien. Sus palabras fueron un abrazo. Y creo que muchos canarios lo sentimos así.

“La anécdota de Los Rodeos: un susto que acabó en sonrisa”

La visita terminó con un pequeño susto en el aeropuerto de Los Rodeos. Un incidente técnico en el avión papal que, por unos minutos, tensó el ambiente. Pero la intervención directa del Rey —rápida, eficaz y discreta— resolvió la situación. Al final, todo quedó en anécdota, en esa historia que dentro de unos años contaremos con una sonrisa: “¿Te acuerdas del día que el Papa casi no despega de Tenerife?”

“Y sobre el coste… conviene hablar claro”

Se ha repetido hasta la saciedad que estas visitas “nos cuestan una fortuna”. Pues bien: los datos dicen lo contrario. El coste total rondó los “25 millones de euros”, financiados en su mayoría por entidades privadas. El retorno económico, en cambio, se estima entre 90 y 150 millones. Hoteles llenos, restauración desbordada, transporte, comercio, turismo internacional… La ecuación es clara y España ganó por goleada. Y ganó también en algo que no se puede medir; imagen, cohesión, autoestima colectiva.

“Un país que, por unos días, recordó quiénes somos

La visita del Papa no resolverá nuestros problemas. No borrará nuestras diferencias. No cambiará la política ni la economía. Pero sí nos ha recordado algo esencial y es que España, cuando quiere, sabe unirse. Sabe acoger. Sabe emocionarse. Sabe ser grande., Y eso, en estos tiempos que corren ya es mucho, sobre todo la imagen que el gobierno social comunista de Pedro Sánchez está dando al mundo, la de república bananera con una corrupción institucional, que ya el propio gobierno no oculta.

En fin; como conclusión final, diremos que la visita del Papa fue un rotundo éxito a todos los niveles; tanto que, utilizando una expresión canaria, no me resta mas que decirle a nuestro Santo Padre… “Mi a ver mi niño lindo y tírate un saltito por aquí de vez en cuando”, y te prometo que la próxima vez, comes cherne salado del que Juanito Cruz, trae de pá bajo de Arguineguín y nos embostamos en Salinetas, qué… ¡Casos se han dado! 

¡Qué cosas!


Fdo:

Julio César González Padrón


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