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viernes, 10 de abril de 2026

¿Puede Estados Unidos abandonar la OTAN?

Julio disfrutando de la lectura de una de sus obras
 

Reflexión sobre un escenario inquietante


Por: Julio César González Padrón

Artículo de opinión

En las últimas semanas el debate sobre el papel de Estados Unidos en la OTAN ha vuelto al primer plano de la actualidad política. Las declaraciones del figura de Donald Trump, al que yo llamo habitualmente: “rubio pistolero del salvaje oeste americano”, cuestionando abiertamente la utilidad de la Alianza o sugiriendo un posible abandono, ha reavivado una pregunta que parecía impensable hace apenas una década: ¿Puede realmente Estados Unidos salir de la OTAN, y qué consecuencias tendría para el mundo?

Desde el punto de vista formal; que, por cierto, el significado de dichos vocablos, “formal” o “consecuencia” desconoce, nuestro rubio pistolero”, el Tratado del Atlántico Norte, contempla la posibilidad de que cualquier miembro abandone la alianza mediante un preaviso de un año. Sin embargo, en el caso de Estados Unidos, la cuestión es mucho más compleja; pues el presidente dirige la política exterior, pero el sistema institucional estadounidense otorga al Congreso un papel decisivo en la aprobación y supervisión de los tratados internacionales.

De hecho, en los últimos años se han impulsado iniciativas legislativas para impedir que un presidente pueda retirar unilateralmente a Estados Unidos de la OTAN sin el consentimiento de los dos tercios del Senado o del propio Congreso. Esto refleja no solo una cuestión jurídica, sino una realidad política: la pertenencia a la OTAN ha sido, durante décadas, uno de los pilares del consenso estratégico estadounidense.

Ahora bien, imaginar una OTAN sin Estados Unidos es, en realidad, imaginar un cambio profundo en el equilibrio global. La Alianza Atlántica no es simplemente un acuerdo de cooperación; es el eje central de la arquitectura de seguridad occidental desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Estados Unidos aporta la mayor parte de las capacidades militares de la OTAN: desde la disuasión nuclear hasta la inteligencia, la logística global y las tecnologías más avanzadas. Sin su participación, la alianza no desaparecería, pero quedaría inevitablemente debilitada, cosa que la trasnochada y fumada ultra izquierda como la de Podemos y Cia, no quieren ver ni aceptar

Europa, por su parte, se vería obligada a asumir un protagonismo para el que no está completamente preparada. Aunque países como Francia, Alemania o el Reino Unido disponen de capacidades significativas; la coordinación política, la inversión sostenida y la autonomía estratégica siguen siendo desafíos pendientes.

La hipotética, que no imposible retirada estadounidense, obligaría a la Unión Europea a acelerar un proceso largamente discutido, pero nunca plenamente concretado y me estoy refiriendo a la construcción de una defensa común. Esto implicaría un aumento considerable del gasto militar, una mayor integración industrial en el sector de defensa y, sobre todo, una voluntad política sostenida.

Pero la realidad es que Europa sigue siendo un mosaico de intereses nacionales, percepciones de amenaza y culturas estratégicas distintas. La ausencia de Estados Unidos no solo dejaría un vacío militar, sino también un vacío de liderazgo.

Para Canadá, por ejemplo, el escenario sería especialmente delicado, pues este país que ha estado históricamente vinculado a Estados Unidos, tanto en términos de seguridad como de economía, tendría que redefinir su posición estratégica. Esto podría traducirse en un acercamiento mayor a Europa, pero también en un incremento significativo de su gasto en defensa y en una revisión de sus prioridades geopolíticas.

La seguridad y la economía están profundamente interconectadas. Una OTAN debilitada o fragmentada generaría incertidumbre en los mercados internacionales, afectando a la inversión, al comercio y a la estabilidad financiera.

A corto plazo, es previsible un aumento del gasto público en defensa, especialmente en Europa. A medio plazo, podrían producirse transformaciones estructurales, como el impulso de una industria militar europea más autónoma o la reconfiguración de cadenas de suministro estratégicas.

En el plano global, la retirada de Estados Unidos de la OTAN tendría consecuencias que irían mucho más allá del ámbito atlántico. Potencias como Rusia, podrían interpretar este movimiento como una oportunidad para ampliar su influencia en Europa del Este, mientras que China observaría con atención una posible fragmentación del bloque occidental.

El resultado sería, probablemente, un mundo más multipolar, pero también más incierto. Como advirtió el primer secretario general de la OTAN, Lord Ismay, la alianza nació con un objetivo claro: “mantener a los estadounidenses dentro, a los rusos fuera y a los alemanes bajo control”. Más allá de su formulación histórica, la frase resume una idea esencial: la estabilidad internacional depende, en gran medida, de equilibrios cuidadosamente sostenidos.

 Como reflexión final podemos asegurar que, una OTAN sin Estados Unidos no es, hoy por hoy, el escenario más probable, pero sí es lo suficientemente plausible como para merecer una reflexión seria. Más allá de las declaraciones políticas, el debate revela una cuestión de fondo¿Hasta qué punto el orden internacional construido tras 1945 sigue siendo sólido?

En tiempos de incertidumbre, las alianzas no solo se miden por su capacidad militar, sino por la confianza que generan. Y quizá ese sea el verdadero riesgo:no tanto una ruptura formal, sino la erosión progresiva de la credibilidad”

Porque, como escribió el diplomático Henry Kissinger, “la estabilidad no es un estado natural de las relaciones internacionales, sino el resultado de un esfuerzo continuo”.  Pero desgraciadamente y debido a la calenturienta cabeza del “pistolero rubio del salvaje oeste americano”, hoy más que nunca, ese esfuerzo parece estar en cuestión.

Si yo, maúro de Telde y viejo lobo de mar,  fuera secretario general de la OTAN , le contestaria al estilo canario de mi pueblo: Si te quieres  d´ir, d´ite,  que de aquí nadie te ajulea,  pero dicho además en un tono faltón  y  chulesco peninsular, como el que él  usa habitualmente ; faltando el respeto a todos, rebosante de falta  consideración hacia  todo aquel que le lleve la contaría, o simplemente  no piense como él, que se ha autonombrado y lo peor ,creído a pie puntilla :  “ Dios en la Tierra” y si no tanto, al menos si un “enviado directamente  por Todopoderoso,”  a quien últimamente le ha dado por plagiar; estando convencido que  ha sido  elegido  para “poner orden y meter en cintura”  a todos los gallos de este    gallinero en que se ha convertido nuestro planeta Tierra ;  por otro lado tenemos a sus “monaguillos”; un Putin con sueños de imperialista  Zar de todas las Rusia y al mismo tiempo  tocando las pelotas a Europa; un Netanyahu judio  convertido en autentico “mata moros” ; Un Jim Jong-Un , algo estreñido y gordito,  jugando a fabricar misiles nucleares, amen de un ramillete de gobernantes europeos, especialistas en “Yes guana Trump” que, además ejercen de “buenos buenísimos”  y  son la mayoría de ellos “tontos del culo”

En fin, mi querido lector ¿Qué quieres que le diga más?  ¿Acaso que no hay muladar sin pulgas, ni linaje sin putas? Así qué… ¡Échele paja a la burra! y de aquel negocio, no me hable más cristiano, … ¡Amargos chochos!


¡Qué cosas!

Fdo: Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor


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