En estado de shock, así me encuentro después de todo lo que ha sucedido esta semana. No es fácil de explicar, pero allá voy.
Pagar a los refugiados por debajo del salario mínimo
Ángela Merkel, plantea pagar a los refugiados por debajo del salario mínimoen lo que se supone es una medida para favorecerles.
Después de la terrible imagen que nos impactó (Aylan), llega la hora de hacer caja, ganar dinero y nada mejor que usar mano de obra barata. Pero no es el único momento en el que se obtienen beneficios, ya que existe un completo, complejo y lucrativo ciclo de muerte.
Primera fase: Fabricar armas e inundar el mercado con ellas
Para hablar con propiedad sobre la guerra y hacerlo con una fuente independiente y fiable, es necesario recurrir a Gervasio Sánchez. Recuerdo una memorable carta que escribió al ex presidenteZapatero cuando este dejó el cargo. La entrada se titulaba “el mejor traficante de armas abandona la moncloa” y en ella Gervasio invitaba al recién salido presidente a visitar el rastro de miseria y muerte que deja la guerra a su paso.
Esa invitación pretendía mostrar lo perjudicial que había resultado que sextuplicase las ventas de armas y que se hubiese “vendido armas a Libia, Egipto, Argelia, Marruecos, Túnez, Arabia Saudita, Bahrein, Israel y otros países que violan sistemáticamente los derechos humanos”. Ese fue el de la alianza de las civilizaciones, pero alianza para vender muerte debió de puntualizar.
Libia arrojó las bombas de racimo de Instalaza sobre su población (ex empresa de Pedro Morenés, a la que resulta que se han otorgado 30 millones de euros en contratos desde que es ministro). No es el único: Egipto, Argelia, Túnez o Bahrein, con más o menos visibilidad mediática y distintos desenlaces, represaliaron a su población. Arabia Saudita es ahora mismo el país responsable de los Derechos Humanos al tiempo que decapitó en el año 2014 a unas 100 personas por delitos tan terribles como la homosexualidad y mantiene unos lazos demasiado estrechos con el Estado Islámico. Israel, ¿qué se puede decir de Israel y sus ataques a población civil?
Segunda fase: Guerra
Cualquier excusa y cualquier momento es bueno para una guerra. Por ejemplo, con motivo del 11-S a la que se pasa por Afganistán se destroza Irak. ¿La primavera árabe? ¡Genial! Una revolución siempre es un gran negocio para todos y, de paso, aprovechamos para incendiar Siria que es un país demasiado cercano al socialismo y con sospechosas relaciones con Rusia, China o Irán.
Tercera fase: Desestructurar
Esta es la fase más evidente de todas. Da igual el objetivo inicial de la guerra porque solo hay un objetivo: desestructurar. Las guerras no se hacen para reestructurar países, se hacen para lo contrario. Aunque se venza, siempre hay que perder. La idea es dejar al país en cuestión en la peor situación posible para que tarde muy poco en convertirse en un estado fallido. Ese es el motivo por el que la presencia militar nunca se alarga en el tiempo ni va acompañada de otras fases para invertir en educación, sanidad, infraestructuras.
¿Quiénes se lucran?
Las entidades bancarias más importantes del mundo, como bien nos explicaba el Instituto Delàs en su documento “La banca armada”, están haciendo negocio con la venta de armas. Entre ellas BSCH, BBVA, Bankia o Caixabank. No son los únicos, el negocio es el negocio.
La gran cantidad de altos mandos militares que terminan trabajando para la industria armamentística son otros de los grandes beneficiados por este negocio redondo. La punta del iceberg son el ex JEME y el ex AJEMA (los militares de mayor graducación en el Ejército de Tierra y en la Armada) que en el año 2006 ficharon con todo descaro por Navantia y Santa Bárbara (ahora General Dinamics).
¿Y qué tiene que ver una empresa telefónica o una empresa energética con la industria armamentística?
La realidad es que las conexiones entre todas las grandes empresas, los bancos y los políticos son tan alarmantes como evidentes. Por ejemplo, basta como curiosidad que el marido de Ana Patricia Botín se llama Guillermo Morenés o el presidente de Endesa Borja Prado Eulate. Estos nombres pasarían desapercibidos si no fuera por el nombre del actual ministro de Defensa, Pedro Morenés Eulate.
En esta ciclo de muerte, la industria armamentística fabrica armas, cada vez más porque cada vez hay más conflictos, los bancos ganan dinero con ello, los políticos lo permiten y lo fomentan a cambio de puertas giratorias y otras prebendas.
Un ejemplo de todo este entramado es la denuncia que realizó el Juez Silva en noviembre del año 2013 en la que advertía de la existencia de correos que vinculaban al ex presidente José María Aznar con el tráfico de armas, nada más y nada menos. Por supuesto, este juez desapareció del mundo y de la noticia nunca más se supo. Es algo similar a como la novela que escribí sobre el tráfico de armas, Código rojo, ha sido silenciada y yo fui expulsado un día después de su publicación. ¿Casualidades?
Esta máquina de destrucción mortal, como toda empresa, necesita crecer, generar beneficios y repartir dividendos entre todos los que colaboran y aumentar la red clientelar.
¿Y los medios de comunicación?
Los medios de comunicación están contralados por exactamente las mismas personas y los mismos poderes que el gobierno o el resto de empresas. Un ejemplo de ello es el grupo Prisa, del que varias entidades bancarias son accionistas y que se encuentra endeudada.En este contexto, se pueden leer artículos como el que se publicó en El País justificando la importancia de la industria armamentística y la cantidad de puestos de trabajo que genera (María Fernández, 7 de junio de 2015). Es decir, los medios silencian lo que sucede y blanquean la información para que todo quede justificado.
El gran Gervasio Sánchez lo define a la perfección en su entrevista en Valencia Plaza, la cual debería ser leída por todos los ciudadanos porque es imprescindible para comprender la situación real de los medios de comunicación (“El periodismo ha dejado de vigilar al poder para convertirse en su mejor aliado”, Valencia Plaza, 28 de septiembre de 2015).
El ciclo de la muerte: la fase final
Como bien dice el Papa (¡¡¡Hasta el Papa!!!), la ONU debería de dejar de usarse como instrumento legitimador de conflictos. Mientras ello no se consigue la realidad es que la guerra se ha privatizado y convertido en un gran negocio, ese es el motivo por el que no se ganan, porque lo que realmente da dinero son los estados fallidos, lo que genera riqueza es que las guerras se pierdan.
Preguntémonos, ¿cuántos conflictos armados son realmente imposibles de resolver con el potencial armamentístico actual?
¿Y qué ocurre si recibimos otra ola de refugiados?
Las guerras son un gran negocio
Por tanto, las guerras proporcionan cuantiosos beneficios directos e indirectos a políticos, banqueros, empresas, la industria armamentística… Para ello, primero generamos un conflicto, luego arrojamos las bombas de racimo a todo el que se mueve, después a los que quedan les explotamos, les imponemos nuestras empresas para seguir ganando dinero. Cuando muchos de ellos abandonan desesperados su país, les ignoramos, les dejamos morir, levantamos alambradas, obtenemos dinero metiéndoles en camiones mortales o en embarcaciones de mala muerte y a los que sobreviven, pues a los que sobreviven… les bajamos el salario mínimo y les explotamos.
Entre esta situación y los grilletes de los esclavos, ¿hay mucha diferencia?
“Código rojo le echa huevos al asunto y no deja títere con cabeza. Se arriesga, proclamando la verdad a los cuatro vientos, haciendo que prevalezca, por una vez, algo tan denostado hoy en día como la libertad de expresión” (“A golpe de letra” por Sergio Sancor). ¡Consíguela aquí!
fuente . http://blogs.publico.es/un-paso-al-frente/2015/10/02/el-ciclo-de-la-muerte/

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