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lunes, 14 de julio de 2014

Poderosa Madeira



Funchal, la capital de la isla portuguesa, esconde coquetos palacios, bares y callejuelas por donde desfilaron Sissi, Hemingway, Churchill o Colón. Hoy, a esos rincones se unen espacios alternativos, arte callejero, hazañas gourmet y hasta el museo de Cristiano Ronaldo.

Hay pocos rincones en el mundo por los que no asomase en algún momento Ernest Hemingway. Y menos aún los que luego no han explotado convenientemente su presencia, claro. Ya fuese el mítico Floridita cubano, los locales pamplonicas desde los que oteó los Sanfermines o los safaris africanos en los que le daba rienda a una de sus aficiones favoritas, la caza. Pues aquí va otro lugar en el que plantó su leyenda el escritor: Funchal, la capital de la isla portuguesa de Madeira, suspendida en pleno océano Atlántico.

Lo hace a base de tierras volcánicas, acantilados de escándalo y terrazas (aquí, levadas) que zizaguean casi prodigiosamente entre las laderas a modo de canales de riego y toneles, muchos, deMalvasía. Es el vino local que encandiló al propio William Shakespeare y del que se aprovisionó Napoleón en su periplo hasta Santa Elena, lugar de su destierro. Hasta museo tiene el caldo en cuestión, ubicado en las bodegas más antiguas de la isla, las de San Francisco. No falta ni un lagar original del siglo XVIII.

Como ven, Hemingway tenía para elegir, pero lo que más le impresionó de Funchal fueron los carreiros, una especie de trineos de mimbre tirados por sus correspondientes mozos (bien ataviados de blanco) desde Monte, el barrio instalado en lo alto de la ciudad, hasta el puerto. Dos kilómetros hay entre medias. Todo cuesta abajo. Y los turistas, tan ricamente en ellos. Por algo, el de El viejo y el mar dijo que éste era «el paseo más estimulante del mundo».
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http://www.ocholeguas.com/2014/06/02/europa/1401711480.html

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