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sábado, 18 de julio de 2026

LOS CAMAREROS HABLAN---LAS VIVENCIAS DE LA CAFETERÍA LA COCHERA.

 

Imagen de Google, autorizado por los propietarios de la cochera

LAS VIVENCIAS DE LA CAFETERÍA LA COCHERA.

 La primera semana tuvo que venir varias veces la policía nacional, ya que cuando empecé con  la cafetería los clientes no eran clientes, eran de estas personas que te echan de un negocio las personas que te van a dejar algunas pesetas.

 La cafetería la cochera la regente entre los años 1.990 y 1.992, donde en estos dos años hice bastantes pesetas, trabaje muchísimo y a los dos años tuve que dejarlo y volver a mi puesto de trabajo, estaba muy cansado, ya que estaba  solo, haciendo unas cuantas horas al día, fueron dos años muy buenos, al poco tiempo de tener la cafetería contraje matrimonio donde en la cafetería  se quedó mi gran amigo  Franco Alfonso Alfonso, recuerdo los bocadillos especiales de vueltas  que los vendía a 175 pesetas y cuando me quedaba sin pan los clientes iban a buscar el pan, también uno de lo fuerte que vendía eran los sándwich vegetales con pan de molde grande, a todo esto le añado los buenos clientes de la zona.

 Recuerdo que habría sobre las siete de la mañana, y todos los días teníamos una gran tortilla, donde mi mujer se levantaba muy temprano para hacer la tortilla, una mañana era tal el sueño que tenía, que al darle la vuelta a la tortilla no cayó en el plato.

 A mi mujer se le ocurrió hacer carne en salsa pero en filetes, solo lo hacíamos los sábados, pues sobre las once de la mañana ya no había carne, muchos cliente me decía que todos los sábados le guarda cierta cantidad de bocatas.

 Recuerdo que en el instituto José Arencibia Gil, una tarde hubo un encuentro de la policía local de Telde, donde cuando termino este encuentro pasaron por la cafetería para tomar cafés, café con leche y bocadillos, aquello fue un escándalo, recuerdo que alguno se quiso ir sin pagar, llamándolo y diciendo quien paga el bocata y el café con leche.

 Una de las personas que más dinero me hizo ganar fue Anastasio, el que regentaba la gasolinera Texaco de la calle Pérez Galdós, allí paraba muchos clientes donde la mayoría bajaban a la cafetería a tomar café, si iban solo siempre le pagaban un café a Anastasio, de Díez  cafés Anastasio se tomaba cuatro al día.

 En esa época yo estaba en la cruz roja de Telde, por lo tanto tenía unos cuantos clientes garantizados, siempre estaba acompañado de mis compañeros de la asamblea local de Telde, recuerdo que en más de una ocasión los domingos que cerraba la cafetería y pasaba por la cede, algunos me decían que les vendiera algo de bollería y helados.

 Tenía muchos conocidos de protección civil de Telde, por lo tanto iban a buscar bocadillos para llevar, era lindo ver aquella plancha llena de vueltas para bocatas.

 No me puedo  olvidar de unos muy buenos clientes que siempre estaban en la cafetería, los agentes de la  benemérita   del puesto de la guardia civil que se encontraba en la calle José Arencibia Gil, desde luego todavía me acuerdo lo que tomaban algunos, pero siempre hay que tener presente la profesionalidad,  muchas veces iban con compañeros de otros puestos.

 En la calle Julián Torón  existen varias oficinas de abogados, pues los cafés y los desayunos estaban garantizados.

 No me puedo de olvidar de la clínica veterinaria de Gonzalo Mayor y Patricia Ortiz, donde muchos clientes se pasaban por la cafetería a igual que Gonzalo y Patricia.

 Otra de la empresa que por allí pasaban era la de Max Mayer, siempre estaba en la cafetería, bocata, cafés, etc.…

 La policía nacional era cliente de mi cafetería, y entre ellos tengo que hacer mención a dos buenos clientes,  mejores personas y profesionales, Alejandro Mena y Juan Del Pino.

 Unos de los movimientos que tenía la cafetería era por el taller de mecánica y lavado de vehículos, regentado por Juan Rodrigues ( EL BREÑERO) y sus hijos, Juan José, Miguel Ángel y Octavio.

 

 ( TALLER LA COCHERA),.

 La reuniones de los cazadores eran casi todos los días, sobre todo las fechas que había cacería, cuando los fines de semana salían de cacería  el resto de semana discutían haber quien decía la mentira más grande, no todos, pero algunos hasta se la creían.

 Tenía un cliente que me pagaba todos los veinticinco de cada mes, no importa cual fuera la cuenta, siempre tomaba güisqui e invitaba a sus amigos sobre todo cuando hablaban de cacería.

 Mi padre (E.P.D.) siempre estaba por la cafetería y en alguna ocasión me hacia las compras, y me acompañaba por la noches para que no saliera solo del local.

 

 ESTO ES LO QUE QUEDA PARA LA VIDA, LAS VIVENCIAS.

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