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| Imagen de Google, autorizado por los propietarios de la cochera |
LAS VIVENCIAS DE LA CAFETERÍA LA COCHERA.
La primera semana tuvo que venir varias veces la policía
nacional, ya que cuando empecé con la
cafetería los clientes no eran clientes, eran de estas personas que te echan de
un negocio las personas que te van a dejar algunas pesetas.
La cafetería la cochera la regente entre los años 1.990 y
1.992, donde en estos dos años hice bastantes pesetas, trabaje muchísimo y a
los dos años tuve que dejarlo y volver a mi puesto de trabajo, estaba muy
cansado, ya que estaba solo, haciendo
unas cuantas horas al día, fueron dos años muy buenos, al poco tiempo de tener
la cafetería contraje matrimonio donde en la cafetería se quedó mi gran amigo Franco Alfonso Alfonso, recuerdo los
bocadillos especiales de vueltas que los
vendía a 175 pesetas y cuando me quedaba sin pan los clientes iban a buscar el
pan, también uno de lo fuerte que vendía eran los sándwich vegetales con pan de
molde grande, a todo esto le añado los buenos clientes de la zona.
Recuerdo que habría sobre las siete de la mañana, y todos
los días teníamos una gran tortilla, donde mi mujer se levantaba muy temprano
para hacer la tortilla, una mañana era tal el sueño que tenía, que al darle la
vuelta a la tortilla no cayó en el plato.
A mi mujer se le ocurrió hacer carne en salsa pero en
filetes, solo lo hacíamos los sábados, pues sobre las once de la mañana ya no
había carne, muchos cliente me decía que todos los sábados le guarda cierta
cantidad de bocatas.
Recuerdo que en el instituto José Arencibia Gil, una tarde
hubo un encuentro de la policía local de Telde, donde cuando termino este
encuentro pasaron por la cafetería para tomar cafés, café con leche y
bocadillos, aquello fue un escándalo, recuerdo que alguno se quiso ir sin
pagar, llamándolo y diciendo quien paga el bocata y el café con leche.
Una de las personas que más dinero me hizo ganar fue
Anastasio, el que regentaba la gasolinera Texaco de la calle Pérez Galdós, allí
paraba muchos clientes donde la mayoría bajaban a la cafetería a tomar café, si
iban solo siempre le pagaban un café a Anastasio, de Díez cafés Anastasio se tomaba cuatro al día.
En esa época yo estaba en la cruz roja de Telde, por lo
tanto tenía unos cuantos clientes garantizados, siempre estaba acompañado de
mis compañeros de la asamblea local de Telde, recuerdo que en más de una
ocasión los domingos que cerraba la cafetería y pasaba por la cede, algunos me
decían que les vendiera algo de bollería y helados.
Tenía muchos conocidos de protección civil de Telde, por lo
tanto iban a buscar bocadillos para llevar, era lindo ver aquella plancha llena
de vueltas para bocatas.
No me puedo olvidar
de unos muy buenos clientes que siempre estaban en la cafetería, los agentes de
la benemérita del puesto de la guardia civil que se encontraba
en la calle José Arencibia Gil, desde luego todavía me acuerdo lo que tomaban
algunos, pero siempre hay que tener presente la profesionalidad, muchas veces iban con compañeros de otros
puestos.
En la calle Julián Torón
existen varias oficinas de abogados, pues los cafés y los desayunos
estaban garantizados.
No me puedo de olvidar de la clínica veterinaria de Gonzalo
Mayor y Patricia Ortiz, donde muchos clientes se pasaban por la cafetería a
igual que Gonzalo y Patricia.
Otra de la empresa que por allí pasaban era la de Max Mayer,
siempre estaba en la cafetería, bocata, cafés, etc.…
La policía nacional era cliente de mi cafetería, y entre
ellos tengo que hacer mención a dos buenos clientes, mejores personas y profesionales, Alejandro
Mena y Juan Del Pino.
Unos de los movimientos que tenía la cafetería era por el
taller de mecánica y lavado de vehículos, regentado por Juan Rodrigues ( EL
BREÑERO) y sus hijos, Juan José, Miguel Ángel y Octavio.
( TALLER LA
COCHERA),.
La reuniones de los cazadores eran casi todos los días,
sobre todo las fechas que había cacería, cuando los fines de semana salían de
cacería el resto de semana discutían
haber quien decía la mentira más grande, no todos, pero algunos hasta se la
creían.
Tenía un cliente que me pagaba todos los veinticinco de cada
mes, no importa cual fuera la cuenta, siempre tomaba güisqui e invitaba a sus
amigos sobre todo cuando hablaban de cacería.
Mi padre (E.P.D.) siempre estaba por la cafetería y en
alguna ocasión me hacia las compras, y me acompañaba por la noches para que no
saliera solo del local.
ESTO ES LO QUE QUEDA PARA LA VIDA, LAS VIVENCIAS.
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