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| LA OTAN SIEMPRE PRESENTE |
Por: Julio César González Padrón
Artículo de opinión
Este es ya el tercer artículo que escribo sobre la OTAN y su futuro, y me temo que hasta puede resultar cansino. Pero es tan importante es el momento histórico en que estamos viviendo, que cada vez que me siento en mi ordenador para hacer la crónica habitual, lo primero que me viene a la cabeza, es la situación de la guerra de Irán y sus consecuencias a nivel europeo y mundial.
Y es que una de esas cuestiones preocupantes para los europeos es el “papelón de OTAN”, por el cabezota del Donal Trump, que se ha propuesto dejar al munido patas para arriba, como si no tuviéramos suficiente , con el otro figura ; el Putin ruso del carajo, aspirante a Zar de todas las Rusia y lo peor, e que los dos, cada uno a su estilo, están consiguiendo que Europa se vea de nuevo inmersa en una gran guerra, después de haberse propuesto y trabajado durante tantos años , para que eso no le ocurriera .
Durante décadas, el debate sobre la seguridad internacional ha girado en torno a una certeza aparentemente inamovible. Eso sería “la centralidad de la OTAN como columna vertebral del orden occidental”, pero las grandes transformaciones históricas no anuncian su llegada, simplemente ocurren, y para cuando te vienes a dar cuenta, ya estas metido de lleno en ello, porque cuando el sistema empieza a cambiar, la primera señal no es el colapso, sino algo más sutil: las preguntas dejan de tener respuestas cómodas como: que hoy, la cuestión ya no es si la OTAN funciona o no; la cuestión es si el mundo que la justificaba sigue existiendo.
Durante buena parte del siglo XX y el inicio del XXI, el sistema internacional tuvo una arquitectura reconocible. Un centro de gravedad —Estados Unidos— y una red de alianzas que garantizaban previsibilidad estratégica y el mundo se sostenía en tres pilares:
hegemonía militar clara
bloques relativamente estables
reglas compartidas, aunque desiguales
Hoy, esos tres pilares están en cuestión simultáneamente y si bien el sistema no ha colapsado aun, si que ha perdido su coherencia interna.
La OTAN que conocíamos, ya no opera como un bloque homogéneo; opera y de eso es muy culpable Donal Trump, como un mecanismo de coordinación entre intereses divergentes.
Las tensiones entre Estados Unidos e Irán no hacen más que evidenciarlo. No porque la OTAN sea protagonista directa del conflicto, que no lo es, sino porque revela su incapacidad de producir una respuesta estratégica unificada ante escenarios complejos.
Por una parte, la vieja Europa busca contención y orden y por la otra Los Estados Unidos, en manos de este “rubio faltón, medio chiflado pistolero del lejano y salvaje oeste americano”, oscila entre la disuasión y la intervención, y como resultado, entre ambas, la alianza se convierte en un espacio de gestión del desacuerdo, convirtiendo en única verdad, el que la unidad ya no es el punto de partida, sino el resultado frágil de negociaciones permanentes.
Europa encarna una de las grandes paradojas del sistema internacional contemporáneo, pues si bien es cierto que, se trata de una potencia económica, regulatoria y tecnológica.
no es una potencia lo que se dice, “estratégica autónoma”.
La dependencia de la estructura de seguridad vinculada a la OTAN, ha generado una forma de asimetría estructural; Europa influye en las reglas, pero no controla las condiciones últimas de su aplicación, y esto produce un efecto acumulativo en capacidad normativa alta, capacidad militar fragmentada y en capacidad de decisión estratégica limitada
En definitiva, que, el resultado no es irrelevancia inmediata, sino algo más gradual como pudiera ser, “la dependencia estructural con apariencia de autonomía”
Y a todas estas, el papel de Estados Unidos, desde que tomó el mando el “pistolero rubio”, el sistema internacional ha cambiado de forma más profunda de lo que suele reconocerse, pues ya no actúa como garante automático del orden global, sino como un actor que evalúa costes, beneficios e impacto interno antes de comprometerse.
En este contexto, figuras como Donald Trump no representan una anomalía, sino la expresión política de una tendencia más amplia: “la reconfiguración del internacionalismo imperialista estadounidense hacia una lógica más selectiva”. Esto no implica retirada, pero sí algo decisivo, como el fin de la garantía incondicional y está claro que, sin garantías, las alianzas cambian de naturaleza.
En regiones como Oriente Medio, donde se enfrentan intereses estructurales entre Israel e Irán, se observa con claridad el tipo de sistema que emerge; no es un orden estable, aunque tampoco un caos absoluto. Yo diría más. bien que, se trata de un espacio intermedio donde los conflictos no se resuelven, se gestionan o se congelan temporalmente y donde la diplomacia deja de ser un mecanismo de resolución y pasa a ser un instrumento de contención temporal. Y como mejor ejemplo lo tenemos en los clásicos “alto el fuego” los cuales, ya no representan finales, sino interrupciones.
El rasgo más importante del sistema emergente no es “la ausencia de orden”, sino la ausencia de un centro único. De esta manera estamos viendo y comprobando, como el mundo se está desplazando hacia una lógica multipolar, donde ninguna potencia puede imponer reglas universales sin resistencia y esto mal que nos pese, implica tres cambios fundamentales; a saber, las alianzas dejan de ser permanentes; la seguridad deja de ser colectiva en sentido pleno y el poder vuelve a ser el principal regulador del sistema. En definitiva, que no es un retroceso histórico sino una transformación estructural.
Se habrán dado cuenta como a estas alturas de la historia, el modelo clásico de bloques, tal como lo conocíamos, está siendo sustituido por alianzas flexibles, condicionadas y temáticas y que se están convirtiendo en “Coaliciones” que se activan en función de intereses concretos —energía, seguridad, tecnología— y se desactivan cuando esos intereses cambian. En esto es un especialista el “pistolero rubio americano”
Aunque hay que reconocer que, este nuevo modelo tiene ventajas evidentes, como pudieran ser la adaptabilidad, la rapidez y el pragmatismo; pero también una consecuencia crítica que sería, la “pérdida de previsibilidad estratégica” o lo que es lo mismo, “el sistema, nuestro sistema”, se vuelve más dinámico, pero también y al mismo tiempo más inestable.
Por poner un ejemplo con nosotros: el problema europeo no es su debilidad absoluta, sino la distancia entre su ambición y su capacidad real de actuación. Europa sigue operando bajo un paradigma diseñado para un mundo distinto; uno donde la regulación podía sustituir al poder, pero en un entorno donde el poder vuelve a ser central, este modelo muestra sus límites y es cuando nos viene la tremenda pregunta a la cabeza ¿Quiere ser Europa una potencia? ¿Podría asumir los costes para serlo? Hasta ahora y que yo sepa, las respuestas sigues siendo ambiguas.
El riesgo principal para Europa no es un colapso repentino, sino algo mucho más silencioso, como la pérdida progresiva de centralidad en las decisiones estratégicas globales; pues no se trata de desaparecer del sistema internacional, como predican las izquierdas progres del no a la guerra y ya está, sino de ocupar un lugar cada vez más periférico en su núcleo decisorio y este proceso no requiere crisis dramáticas, solo que sea continuo.
Como conclusión final, diría que en el mundo que nos viene, la OTAN no desaparecerá de forma abrupta, ni tampoco Europa perderá su relevancia de un día para otro, pero el sistema internacional ya está cambiando su lógica interna, y eso lo puede ver hasta el más ciego de los ciegos.
En definitiva; lo que se está configurando no es un nuevo “orden estable”, sino un entorno donde las reglas son más débiles, las alianzas más condicionales y las decisiones más unilaterales.
En ese contexto, la pregunta fundamental no es qué sustituirá a la OTAN. La pregunta es otra, más incómoda y más real… ¿Quién será capaz de actuar con coherencia en un mundo que ha dejado de ofrecerla?
Y ahí te dejo la pregunta y me voy ya, porque… ¡Cristiano!, este maúro de “Terde” que es, Julio González, pega a hablar y a hablar y no hay quien lo pare; si más parece que esta mañana desayunó alpiste en lugar de una taza de leche con gofio del molino de Isaias.
¡Qué cosas!
Fdo: Julio César González Padrón
Marino Mercante y Escritor

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