(Los firma con su conocido seudónimo literario... ¡QUÉ COSAS!)
GAROÉ
La fresca bruma del alisio atlántico
haciéndose cada vez más densa,
se detuvo en sus verdes y pobladas ramas.
Sentí un incontrolable y profundo impulso de abrazar,
aquel frío tronco revestido todo él de suave musgo.
Me acerqué cauteloso a través del resbaladizo suelo
que rodea la húmeda tierra roja de sus pies.
Escuché como una voz interior me decía que
quería compartir conmigo su energía de paz.
Mis hijas Ana y Marta que por el otro lado,
con fuerza abrazándolo se encontraban,
alcanzaron también mis desnudas manos
y al unísono quedamos fundidos con él, los tres.
Las gotitas de agua de bruma condensada,
que en sus verdes ramas permanecían,
se dejaron caer mojando nuestros rostros,
llenándolos de un agradable divino placer.
Nuestros corazones aceleraron sus rítmicos latidos
al compás de una musiquilla celestial,
que parecía escucharse, en el lugar.
Observé como el agua, que en cuencas dormitaba,
reflejaba una suave sonrisa especial.
Sin ninguna duda, era la de él
la de aquel árbol Santo Garoé de agua y vida,
que a lo largo de la historiaa los herreños dio de beber.
Con respeto y una reverencia nos despedimos de él
quien nos correspondió salpicando nuestros cuerpos
con gotitas de agua que desde sus tupidas ramas
con mucho amor dejó caer.
El lugar quedó desierto, algo triste , silencioso,
Y como si todo hubiese sido una bella ilusión,
aquella bruma al sagrado Templo Bimbache cubrió.

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