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miércoles, 11 de febrero de 2026

EL ESPAÑOL EN EL MUNDO: LA PARADOJA DE UNA LENGUA GIGANTE CON POCA PRESENCIA EN LAS ÉLITES DE PODER



 (La paradoja de una lengua colosal)


Por Julio C. González Padrón

Artículo de opinión

El español o castellano es, sin discusión una de las grandes lenguas del planeta. Más de 500 millones de personas lo tienen como lengua materna, lo que lo convierte en la segunda lengua nativa más hablada del mundo, solo por detrás del chino mandarín, (en china se hablan 80 chinos distintos).

 Si sumamos quienes lo hablan como segunda lengua, la cifra supera los 600 millones. Es idioma oficial en 21 países, lengua de cultura, de literatura universal, de comunicación internacional y de una comunidad transnacional que abarca desde España hasta la Patagonia, pasando por el Caribe, Centroamérica, algunos lugares de Africa y buena parte de Estados Unidos.

Y, sin embargo, existe una paradoja difícil de ignorar: pese a su enorme peso demográfico, el español tiene una presencia sorprendentemente reducida en las élites políticas, diplomáticas y monárquicas del mundo. Muy pocos jefes de Estado no hispanohablantes lo dominan. Las casas reales europeas, tradicionalmente políglotas, rara vez lo incluyen entre sus lenguas de trabajo, y en Estados Unidos, país con más de 68 millones de hispanohablantes, apenas un puñado de presidentes han mostrado competencia real en español.

¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo es posible que una lengua tan extendida tenga tan poca penetración en los círculos de poder global? ¿Qué factores históricos, sociológicos y geopolíticos explican esta desconexión entre número de hablantes e influencia internacional?

 Con este artículo propongo hacer una reflexión profunda sobre este fenómeno, pues en mi época de navegante y a lo largo del mundo entero, me di cuenta que, no era casual ni anecdótico, sino el resultado, desde mi punto de vista, de una compleja combinación de historia, prestigio lingüístico, poder económico, dinámicas coloniales y percepciones culturales.

Por ello creo que, para entender la posición del español en el mundo actual, es imprescindible mirar hacia atrás. Las lenguas no se expanden ni se consolidan por su belleza, su lógica o su musicalidad, sino por el poder de quienes las hablan y la historia de las lenguas es, en gran medida, la historia de los imperios.

Partiendo de la base de que el Imperio español fue durante siglos, una de las mayores potencias del planeta, con una  expansión territorial fue colosal, no nos debe extrañar que su legado lingüístico perdure hasta hoy;  sin embargo, tras la independencia de los países latinoamericanos en el siglo XIX, España perdió su influencia política directa.; todo lo contrario del Reino Unido, que mantuvo lazos económicos y diplomáticos muy estrechos con sus antiguas colonias, quedándose España relegada a un papel secundario en la geopolítica global.

El resultado fue que el español o castellano se consolidó como una lengua muy hablada, pero no necesariamente como una lengua de “poder internacional”.

El inglés, en cambio, tuvo una trayectoria distinta; primero fue la lengua del Imperio británico, que dominó los mares y estableció redes comerciales y diplomáticas en todos los continentes, después, en el siglo XX, Estados Unidos emergió como la gran potencia global, reforzando el inglés como lengua de ciencia, tecnología, economía, diplomacia y cultura popular.

 Por eso hoy, el inglés no solo es la lengua más estudiada del mundo, sino también la lengua franca de la globalización. Quien aspira a participar en las élites internacionales —políticas, económicas o académicas— siente la necesidad de dominarlo.

Dicho lo anterior, hay que anotar que, durante siglos, el francés fue la lengua diplomática por excelencia.  Las casas reales europeas lo adoptaron como lengua de cultura, refinamiento y negociación, aunque también es cierto que, su peso global ha disminuido, sigue siendo una lengua prestigiosa en organismos internacionales y en la diplomacia europea.

Nuestro español, en cambio, nunca ocupó ese lugar simbólico en las élites europeas.

Las lenguas no solo se expanden por la historia, sino por la geopolítica, y la geopolítica del siglo XX y XXI ha estado dominada por países anglófonos.

Las élites globales aprenden los idiomas que les permiten acceder a mercados, alianzas y oportunidades. Así la cosa, ha derivado en que, el inglés se convirtiera en la llave de entrada al comercio internacional, a la ciencia, a la tecnología y a las instituciones financieras; el francés conserva su prestigio diplomático; el alemán es útil en la industria y la ingeniería y ahora el chino gana terreno debido al peso económico que ha adquirido este país de “estreñidos amarillos” en el mundo entero.

 Pero… ¿Y el español? Aunque es una lengua enorme en número de hablantes, no está asociada a un bloque económico unificado ni a una potencia hegemónica y esto es una realidad palpable, por mucho que nos diga Pedro Sánchez, de que…” España va como un cohete” y yo le contesto… Menos mal que va como un cohete Pedro, poque si llega a ir como los trenes de Oscar Puente ¡Apaga y vámonos! Jajajajaj

América Latina es un continente casi completamente hispanohablante, con más de 400 millones de hablantes nativos; sin embargo, su peso político internacional es limitado por varios factores:

1.-Falta de integración regional efectiva,

2.-Inestabilidad política recurrente,

3.-Economías dependientes de materias primas,

4.-Escasa presencia en organismos globales de decisión,

5.-Ausencia de una voz unificada en asuntos internacionales.

 Y todo esto reduce el incentivo para que las élites globales aprendan español.

Claro que, España tiene un peso cultural enorme en el mundo, pero su influencia política y económica no es comparable a la de Estados Unidos, China, Alemania o Francia. Su capacidad para proyectar el español como lengua de poder es limitada y su tan cacareado Instituto Cervantes con sedes en el extranjero, que no ha dado los resultados, que todos esperábamos. Por eso y sin querer faltar el respeto a nadie, yo soy los que me parto de la risa, cuando los dirigentes independentistas catalanes, pretenden que la CE o la ONU, acepte el catalán como un idioma al uso…¡Qué pardillos!

 Pero si hay algo que me llama poderosamente la atención, son las “casas reales europeas” que, habiendo han sido históricamente políglotas, sin embargo, sus elecciones lingüísticas responden más a criterios de prestigio y utilidad diplomática.

Durante siglos, el francés fue la lengua de la nobleza europea. Reyes, príncipes y diplomáticos lo hablaban con fluidez; era la lengua de la etiqueta, de los tratados, de la correspondencia oficial, pero en el siglo XX, el inglés desplazó al francés como lengua dominante en las relaciones internacionales. Hoy, cualquier miembro de una casa real europea domina el inglés, porque es imprescindible para su papel institucional y del español, solo conocen la palabra” torero o toro” y no precisamente por la conocida internacionalmente afición del “Rey emérito” a poner los cuernos. Jajajajaja

La triste realidad es que, aunque el español es una lengua global, en Europa se percibe a menudo como una lengua de importancia cultural, pero no diplomática. Las casas reales no sienten la necesidad de incluirlo entre sus lenguas de trabajo, porque no es una herramienta esencial para su función; la “herramienta” en España, ya la aportaba de sobra el Rey Juan Carlos I, y además de sobra y muy bien aportada. Jajajajaja

En el caso de Estados Unidos es especialmente llamativo que, con más de 68 millones de hispanohablantes, el segundo país del mundo con más hablantes de español, solo por detrás de México, sin embargo, la élite política estadounidense haya mostrado históricamente muy poco interés en aprenderlo. De hecho, no creo que pasen de 3 los presidentes “Yankis que lo hablaran con fluidez,

 Si, resulta un caso hasta curioso como teniendo 68 millones de hispanoparlantes en USA, el inglés no es solo sea la lengua dominante sino es un símbolo de identidad nacional. La élite política no siente presión para aprender otros idiomas, porque el inglés es suficiente para comunicarse con el mundo y ahora con Donal Trump, que ha demostrado ser un anti latino de libro, pues mucho más.

En mi época, yo navegué con un capitán alemán Ernest Hantán , que me aseguraba que el conocía inmediatamente a un anglosajón, por el simple hecho de  que no hablaba idiomas. Jajajaja

Aunque la comunidad hispana es enorme, el español se percibe en Estados Unidos como una lengua asociada a minorías internas, no como una lengua de prestigio internacional. Esto influye en la actitud de los líderes políticos.

 Como afirmé más arriba, a lo largo de la historia, solo unos pocos presidentes estadounidenses han tenido competencia real en español; la mayoría se limitó a frases básicas o a discursos preparados y esto contrasta con la enorme presencia del español en la sociedad estadounidense.

Por otra parte, Brasil, el gigante sudamericano, habla portugués, pero la intercomprensión entre portugués y español es alta, y en la práctica muchos brasileños pueden comunicarse en español sin grandes dificultades, lo que en la práctica convierte a América del Sur en un bloque lingüístico casi homogéneo; sin embargo, esta ventaja no se traduce en influencia internacional, porque la región carece de cohesión política y económica.

El prestigio de una lengua no depende de cuántas personas la hablen, sino de quién la habla y del poder que esas personas tienen.

El inglés y el francés son lenguas de prestigio histórico. El alemán y el japonés son lenguas de prestigio tecnológico. El chino es una lengua de prestigio económico emergente.

El español, en cambio, es una lengua de masa: muy hablada, muy extendida, muy viva… Pero no asociada a centros de poder global.

Además, en muchos países, el español se asocia a cultura, turismo, literatura, música, ocio o identidad latina, pero nunca a diplomacia, ciencia o tecnología y esta percepción influye en la decisión de las élites de aprenderlo o no.

A pesar de todo lo anterior, el español tiene un potencial enorme. Su crecimiento demográfico es imparable. Su presencia en Estados Unidos aumenta cada año. Su cultura es vibrante y global. Su industria audiovisual vive un momento de expansión, y su comunidad de hablantes es una de las más cohesionadas del mundo y ahora que con Pedro Sánchez, España, “va como un cohete”, pues más todavía. Jajajajaja

 Volviendo a la seriedad obligada, desde mi punto de vista, el futuro y por lo tanto salud del español depende de tres factores, a saber:

1.-Del peso económico del mundo hispano: Si América Latina logra mayor estabilidad y crecimiento, el español ganará prestigio internacional.

2- De la integración regional: Un bloque latinoamericano más unido tendría más influencia global.

3.-De la proyección cultural y tecnológica:  La cultura hispana ya es global; falta que la tecnología y la ciencia en español también lo sean.

Porque el español no es una lengua en declive, ni mucho menos; es una lengua en expansión, con una comunidad joven y dinámica, pero para convertirse en una lengua de poder, necesita que los países que lo hablan aumenten su peso en el escenario internacional.

Como conclusión final, creo que el español o castellano es una lengua gigante que espera su momento.

 Pues nadie puede dudar que nuestro idioma sea una lengua colosal en número de hablantes, pero modesta en influencia política global. Esta paradoja no se debe a la lengua en sí, sino a factores históricos, geopolíticos y sociológicos que han favorecido a otras lenguas en las élites de poder.

Sin embargo, el futuro no está escrito y el español tiene todo lo necesario para convertirse en una lengua de mayor prestigio internacional de una comunidad enorme, una cultura global, una presencia creciente en Estados Unidos y un potencial económico significativo.

La pregunta no es si el español puede ganar influencia o no, sino si el mundo hispano será capaz de reclamar el lugar que le corresponde.

Recordemos que nuestro emperador Carlos I de España y V de Alemania, que hablaba “el pollo” a la perfección cinco idiomas, aseguraba, no sin cierta chulería monárquica que, el siempre cuando tenía que rezar a Dios, lo hacía en español, porque así tenia la certeza de que lo iba a entender a la perfección.

¡Qué cosas!


Fdo: Julio César González Padrón

Marino Mercante y Escritor


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