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| Julio pensativo |
“CUANDO EL INCUMPLIMIENTO CONSTITUCIONAL DEJA DE SER UNA ANÉCDOTA POLÍTICA”
Artículo de opinión“Entre la crisis migratoria de Ceuta, las polémicas sobre vivienda, los debates territoriales y la sucesión constante de controversias políticas, ha pasado relativamente desapercibido un asunto de enorme relevancia institucional: la falta de presentación, dentro del plazo previsto, del proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado.”
Por: Julio César González Padrón
Presentar los presupuestos, no se trata de un mero trámite administrativo. La Constitución Española establece en su artículo 134.3 que el Gobierno debe presentar los Presupuestos ante el Congreso de los Diputados al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior. Asimismo, el artículo 134.4 prevé que, si no se aprueban a tiempo, quedan automáticamente prorrogados los presupuestos vigentes hasta la aprobación de unos nuevos.
La pregunta es inevitable: ¿qué consecuencias prácticas y reales tiene incumplir este mandato constitucional?
“La primera consecuencia es el deterioro institucional”
Conviene ser rigurosos. La Constitución contempla la posibilidad de una prórroga presupuestaria, por lo que el Estado no queda paralizado ni entra en una situación de vacío legal. Los funcionarios cobran, las pensiones se pagan y los servicios públicos continúan funcionando con normalidad.
Sin embargo, una cosa es que la Constitución prevea una solución de emergencia y otra muy distinta convertir esa excepcionalidad en una práctica política habitual.
Los presupuestos constituyen la principal Ley de un gobierno. Son la expresión cuantificada de su programa político y, cuando un Ejecutivo como ha ocurrido ahora con este gobierno social comunista que preside Pedro Sánchez, renuncia a presentar unos nuevos presupuestos o deja transcurrir el plazo constitucional sin hacerlo, proyecta inevitablemente una imagen de debilidad parlamentaria o de incapacidad para reunir los apoyos necesarios.
“Gobernar con las cuentas del pasado”
La segunda consecuencia afecta directamente a la gestión pública.
Un presupuesto prorrogado nace para una realidad económica que ya no existe. Las necesidades sociales cambian, la inflación modifica los costes, aparecen nuevas demandas y desaparecen otras. Sin embargo, el marco general de gasto sigue siendo el diseñado para un ejercicio anterior.
Esta circunstancia reduce la capacidad de planificar políticas públicas de largo alcance y obliga con frecuencia a utilizar modificaciones presupuestarias, créditos extraordinarios o decretos para adaptar unas cuentas antiguas a necesidades actuales.
En términos sencillos, el Gobierno sigue gobernando, pero lo hace con un mapa elaborado para un territorio que ha cambiado.
“Menos control parlamentario”
Existe además una consecuencia democrática que suele recibir menos atención.
La discusión anual de los Presupuestos es uno de los principales momentos de control parlamentario. Durante semanas se debaten prioridades, inversiones, impuestos, políticas sociales e infraestructuras. La oposición fiscaliza al Gobierno y el Ejecutivo debe explicar con detalle qué pretende hacer con los recursos públicos.
Cuando ese debate desaparece, también desaparece una parte importante del control político que corresponde ejercer a las Cortes Generales.
“Porque la democracia no sólo consiste en gobernar, sino también en rendir cuentas periódicamente”.
“Incertidumbre para administraciones y sectores económicos”
Las comunidades autónomas, los ayuntamientos, las empresas contratistas y numerosos sectores económicos necesitan previsibilidad.
Los presupuestos permiten conocer inversiones futuras, programas de ayudas, infraestructuras previstas o prioridades de gasto. Cuando no existen nuevas cuentas, aumenta la incertidumbre sobre proyectos estratégicos y sobre la disponibilidad de recursos para determinadas políticas.
Aunque la Administración sigue funcionando, la planificación se vuelve más compleja y prudente.
¿Existe alguna sanción constitucional?
Y aquí aparece la cuestión más llamativa.
La Constitución establece la obligación de presentar los presupuestos en plazo, pero no contempla una sanción específica para el caso de incumplimiento. El coste es fundamentalmente político, no jurídico.
Por ello, la responsabilidad recae en el juicio de los ciudadanos, de las instituciones y de la oposición parlamentaria. El sistema presupone que el respeto a la Constitución forma parte de la cultura democrática de los gobernantes, aun cuando no exista una penalización automática.
Como reflexión final ,de este viejo lobo de mar y además maúro de Telde hasta la medula, cree que, quizá el verdadero problema no sea que exista una prórroga presupuestaria, mecanismo perfectamente previsto por la Constitución para evitar bloqueos institucionales, sino que “el problema surge cuando la excepción amenaza con convertirse en norma”.
Un país puede funcionar durante algún tiempo con presupuestos heredados. Lo que resulta más difícil es transmitir un proyecto político sólido, una planificación económica coherente y una imagen de estabilidad institucional cuando “la Ley más importante de cada ejercicio” ni siquiera llega a debatirse en el Parlamento.
Porque, en el fondo, los presupuestos no son sólo una relación de ingresos y gastos. Son la hoja de ruta de una nación. Y cuando esa hoja de ruta falta, los ciudadanos tienen derecho a preguntarse hacia dónde navega realmente el barco.
O para que me entiendan mejor, se lo voy a explicar utilizando una sabia expresión típica canaria, muy común en mi pueblo de Telde, para cuando se dan casos como el que estamos viviendo y que a mi tanto me gusta recordar …. “Un gobierno sin presupuesto equivale a un potaje de varguilla, no hace ni un pepino, ni escupe largo; Así que, mira a ver “Pedrillo Sánchez ” porque, el que presentes unos presupuestos como de ordena nuestra Constitución, tampoco es mucho lo que se te pide; y, por lo tanto, no es como para ponerse con la corcova para detrás. Aunque si te digo la verdad, te engaño. Yo que tú, tal como están las cosas en el gallinero, con las gallinas sin poner huevos y el gallo jodiéndonos todas madrugada con su canto, me mandaba a mudar de ahora para después”. Que peores casos…. ¡Se han dado!
¡Qué cosas!
Fdo:
Julio César González Padrón
Merino Mercante y escritor

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