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| PADRE BAEZ |
ADIOS PADRE BAEZ
Julio C. Glez. Padrón
Hoy las campanas suenan más despacio, como si el viento quisiera llevarlas por las laderas de Telde, hasta los caminos donde tantas veces tu palabra sembró consuelo.
Se nos ha marchado el Padre Báez y aunque la muerte cierre los ojos del cuerpo, hay hombres que permanecen vivos en la memoria agradecida de su pueblo, en la sonrisa que dejaron encendida, y en el bien sencillo que repartieron sin medida.
Yo quiero recordarte así, Padre Báez, cercano, cordial, humano, y con esas formas tan particularmente tuyas de estar entre la gente
Siempre escuchando más allá de las palabras, y regalando afectos con la naturalidad de quien entendía, que la fe también se expresa en un abrazo, y en una conversación compartida.
De cuanto pudieras decir de ti, me quedo con un pequeño tesoro; una humilde Virgen del Carmen que apenas 30 cm de altura, que vendesiste un día con tus manos sacerdotales.
Desde entonces navegó conmigo, fue compañera de guardias interminables, y de amaneceres sobre mares lejanos, de temporales de nostalgia y de puertos que iban quedando atrás.
Y aún hoy descansa junto a mi cama, en mi mesa de noche, como silenciosa centinela de recuerdo, como una pequeña luz que sigue uniendo tu memoria con mi vida.
Quizás por eso no siento esta despedida como un adiós definitivo.
Porque quienes dejan bondad sobre la tierra, nunca terminan de marcharse del todo.
Se quedan en las cosas sencillas, en las bendiciones que perduran, en las personas que lo recuerdan con cariño, y en estos objetos humildes, que el tiempo convierte en símbolos.
Que la Virgen del Carmen, Estrella de los Mares, te conduzca ahora por agua serenas.
_Y que te encuentres ya Padre Báez, en el puerto tranquilo que Dios, reserva al navegante del espíritu.
Descansa en paz, aquí, que en esta orilla quedará tu recuerdo, navegando para siempre en el corazón de quienes como, yo tanto te apreciamos en vida.
¡Qué cosas!
Julio C. Glez. Padrón

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