![]() |
| Don julio marino mercante |
Por: Julio C. Glez. Padrón
Artículo de opinión
La reciente firma de un nuevo acuerdo entre España y Reino Unido sobre Gibraltar ha vuelto a reabrir una herida histórica que nunca terminó de cicatrizar. La supresión de la Verja —símbolo físico y emocional de un conflicto tricentenario— se ha presentado como un gesto de modernidad, cooperación y pragmatismo. Pero para muchos españoles, lejos de generar entusiasmo, ha provocado inquietud. Y no es para menos.
Porque la pregunta no es solo qué se ha acordado. La pregunta es qué se ha dejado fuera.
El anacronismo pendiente
En pleno siglo XXI, resulta difícil explicar que en el corazón de Europa siga existiendo un territorio bajo soberanía británica cuya condición deriva del Tratado de Utrecht de 1713. La descolonización ha sido uno de los grandes procesos políticos del último siglo, impulsado por resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas que abogan por poner fin a las situaciones coloniales. Y, sin embargo, Gibraltar permanece como una anomalía histórica aceptada con resignación.
Cuando Reino Unido devolvió Hong Kong a China en 1997, el mundo asistió a un gesto que reconocía el fin de una era imperial. ¿Por qué Gibraltar parece quedar fuera de esa lógica histórica? ¿Por qué España no logra siquiera situar el debate de la soberanía en el centro de la conversación internacional?
Territorio, soberanía y silencios incómodos
Uno de los aspectos menos discutidos públicamente es el crecimiento físico del Peñón a lo largo de las décadas mediante rellenos ganados al mar, ampliando aproximadamente un 15% su superficie original. ¿Bajo qué marco jurídico se ha producido? ¿Ha existido consentimiento tácito por parte española? La ausencia de explicaciones alimenta la percepción de que se consolida una aceptación de facto.
Lo mismo ocurre con el aeropuerto, construido en un istmo cuya soberanía es objeto de disputa. La idea de uso conjunto podría interpretarse como cooperación pragmática, pero también como normalización de una situación que España históricamente ha cuestionado.
Y después están los pescadores españoles, tradicionalmente presentes en esos caladeros, cuya actividad ha sido limitada por las autoridades gibraltareñas. Para las comunidades del Campo de Gibraltar, esto no es geopolítica: es sustento.
La cuestión fiscal: ¿competencia o desequilibrio?
Gibraltar mantiene un régimen fiscal muy atractivo que ha favorecido la instalación de miles de sociedades mercantiles. Sus defensores argumentan que se trata de un modelo económico legítimo y transparente. Sus detractores lo califican de “coladero fiscal” que compite deslealmente con su entorno inmediato.
El contraste es evidente: mientras en la comarca española vecina persisten tasas de desempleo elevadas, el Peñón exhibe prosperidad. La asimetría genera una sensación difícil de ignorar. ¿Estamos ante cooperación transfronteriza o ante una relación estructuralmente desequilibrada?
¿Qué gana España?
Aquí reside la cuestión clave. Los defensores del acuerdo sostienen que eliminar la Verja facilitará la movilidad de trabajadores, reducirá tensiones y permitirá una mayor integración económica regional. Miles de trabajadores españoles cruzan diariamente a Gibraltar; para ellos, la fluidez fronteriza no es ideología, es calidad de vida.
Además, un marco estable puede atraer inversiones y proyectos conjuntos que beneficien al Campo de Gibraltar, históricamente olvidado por políticas estructurales profundas.
Sin embargo, el escepticismo surge cuando la soberanía —núcleo del conflicto— parece diluirse en la práctica sin avances tangibles. Si el acuerdo consolida prosperidad compartida, será defendible. Si consolida desigualdades estructurales bajo una apariencia de armonía, será difícil justificarlo ante la ciudadanía.
¿Pariente pobre o socio pragmático?
La percepción de que España actúa como “pariente pobre” no nace solo del contenido del acuerdo, sino de la falta de pedagogía política. Cuando los ciudadanos no conocen con claridad qué se ha negociado, qué se ha cedido y qué se ha ganado, el vacío lo ocupa la sospecha.
La política exterior no puede basarse únicamente en el simbolismo patriótico ni en la retórica del agravio histórico. Pero tampoco puede ignorar la dimensión emocional y simbólica de la soberanía nacional.
Quizá la cuestión no sea si España ha quedado como el pariente débil. Quizá la cuestión sea si ha decidido, conscientemente, priorizar estabilidad económica y convivencia sobre reivindicación histórica. Eso no es necesariamente cobardía; puede ser estrategia. Pero toda estrategia exige transparencia, relato y objetivos claros.
Porque, al final, Gibraltar no es solo una roca. Es una prueba permanente de cómo España se percibe a sí misma en el mundo: como nación acomplejada por su pasado, o como país capaz de defender sus intereses con serenidad, firmeza y visión de futuro.
La eliminación de la Verja puede ser el comienzo de una etapa de prosperidad compartida… o el cierre silencioso de una aspiración histórica.
La diferencia no la marcará el titular del acuerdo, sino la capacidad de España para convertirlo en ventaja estratégica real y visible para sus ciudadanos, esa es la verdadera cuestión.
Y para acabar el articulo y como de costumbre, empleando una de nuestras ricas expresiones canarias, le diré al ministro de asuntos exteriores español José Manuel Albares, como decimos en mi pueblo:
“En esta jugada no te vas a poder arrayarte un millo, aunque que quieres que te diga chiquillo, con esa cara tan fea que tienes “es regular” que “el Choni inglés” pensara que eras otro “soquete” más de los del gobierno de Pedro Sánchez; que cristiano…. ¡Caso ahí más allá, se han dado!”
Y ya puesto a acabar de verdad, lo haré con otro consejo de un maúro de Telde como yo…” A esa gente, lo mejor es mandarlos “al jinorio”, que les gusta mucho meter la cuchara donde nadie los llama y que recuerden lo que le pasó a Nelson en Tenerife en 1797; claro que en aquella época estaba al mando un auténtico patriota, como lo era el general Antonio Guiterrez de Otero y no un “medio polvo” como tú”. Jajajajaja
¡Qué cosas!
Fdo. Julio César González Padrón
Marino Mercante y Español
Teldehabla.com no se hace responsable de las opiniones
vertidas por terceros

No hay comentarios:
Publicar un comentario