Nada puede compararse con la mirada deslumbrante de un niño cuando se aproxima la Navidad.
Sus ojos expresan toda la inocencia que anida dentro de un corazón inocente.
En la noche misteriosa se agrandan sus esperanzas puestas en una carta dirigida a los Magos de Oriente.
La cama se hace corta y la noche larga, muy larga esperando ver los primeros rayos del sol a través de la ventana.
Y cuando la mañana llega, sus pies se convierten en alas para alcanzar sus zapatos donde está lo que esperaba.
María Almenara
No hay comentarios:
Publicar un comentario