| El problema de la vivienda merece algo mejor |
Luis Seco de Lucena
30/09/2026
Artículo de opiniónEn España, buscar piso se parece cada vez más a entrar en un casino con el sueldo en la mano. Uno pregunta por un alquiler, enseña las nóminas, ofrece garantías y espera a que la ruleta decida si podrá seguir viviendo en su barrio. El Gobierno ha decidido responder a esa angustia con dos decretos. Dos fichas sobre el tapete. A ver cuál sale.
PSOE y Sumar llegaron al Consejo de Ministros después de discutir hasta el último momento qué hacer con los alquileres. Al final separaron las medidas en dos textos: uno reúne, entre otras, la protección frente a desahucios y la prórroga extraordinaria de contratos; el otro plantea la renovación automática de los alquileres. La operación tiene su ingenio. Si una ficha cae, quizá la otra permanezca en la mesa. También puede ocurrir que el crupier del Congreso barra las dos.
A una familia que teme perder su casa le interesará poco el talento del Ejecutivo para repartir cartas. Querrá saber si las medidas entrarán en vigor y cuánto durarán. Mientras tanto, contempla un espectáculo curioso: los socios de Gobierno han necesitado dos decretos para ponerse de acuerdo en presentar algo juntos y ahora piden a otros partidos que voten por separado lo que ellos no lograron defender en un solo texto.
Puede que dividirlos facilite alguna mayoría. Gobernar exige negociar, y nadie debería escandalizarse por una negociación difícil. Lo que cuesta creer es la seguridad con que se anuncia la jugada cuando ni siquiera están reunidos los votos necesarios. Se invita a los diputados a jugar al «pito pito gorgorito»: este decreto sí, este quizá, este que espere a que Junts descubra sus sentimientos. Y, por supuesto, existe una casilla que el Gobierno preferiría no mirar: que caigan los dos.
El problema de la vivienda merece algo mejor que esta quiniela. Hay personas que hacen cuentas en la cocina antes de renovar el contrato, hijos adultos que siguen en su antigua habitación y mayores para quienes una carta del casero pesa más que todos los discursos de la semana. Cada derrota parlamentaria tiene consecuencias fuera del hemiciclo. Allí nadie cobra por aplaudir una maniobra hábil.
Sánchez conserva el derecho a intentarlo. Pero la mayoría que le permitió llegar a la Moncloa no es un premio vitalicio ni una ficha que pueda apostarse indefinidamente. Si hace tiempo que no consigue reunirla para una cuestión tan urgente, convocar elecciones sería una forma razonable de devolver la decisión a quienes soportan las consecuencias.
Quizá alguno de los decretos salga adelante. Ojalá las familias encuentren alivio. Eso no resolvería, por sí solo, la pregunta política que deja esta partida: ¿puede gobernar con credibilidad quien necesita echar a suertes el apoyo de los propios y cruzar los dedos ante los demás? Cuando ni siquiera eres capaz de convencer a los tuyos, toca dar un paso al lado y dejar que otros lo intenten.
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