martes, 1 de septiembre de 2026

LOS LUNES, DÍA DE LOS ZAPATEROS

Julio de descanso, como si fuera lunes, jajajja


“Recordar es no dejar que la historia muera”


Por: Julio César González Padrón

A estas alturas, habrán notado y muy especialmente mis lectores habituales, que dicho sea de paso y sin ningún ánimo de presumir por ello, son muchos y digo sin ánimo de presumir, es porque a mi edad, ya pocas las cosas me alteran o modifican mi forma de ser, resultado de haber vivido 74 años y gran parte de ellos en la mar.

Pues bien; como digo, los lunes, ni escribo, ni publico nada en honor y por respeto al “día de descanso de los zapateros”; pero no de los que se dedican a “esconder joya”, que no recuerdan de donde las sacaron, ya que los sociales comunista o que, “están acostumbrados a recibir poco y dar mucho”. Jajajajal. Sino los otros, los que pertenecen a esa profesión tan digna y honrada, que nos han acompañado a lo largo y ancho de la historia.

Hay costumbres que no salen en los libros de historia, pero que forman parte del alma de un pueblo. Tradiciones que no se enseñan en la escuela, y mucho menos en los de la LOGSE, pero que se transmiten como se pasa una herramienta de padre a hijo. Una de esas joyas —entrañable, humorística y profundamente nuestra— es la vieja costumbre de “los lunes, día de los zapateros”.

Sí, amigo lector, hubo un tiempo en que los lunes no eran lunes. Al menos, no para ellos.


“El lunes: descanso, abastecimiento y filosofía de taller”

Mientras el resto del mundo empezaba la semana con cara de sueño, los zapateros cerraban el taller con una tranquilidad que ya quisieran los ministros. La escena era inconfundible. La puerta cerrada con un candado que parecía decir: “Hoy no insista”. La ventana entornada, como si el taller respirara solo. El olor a cuero todavía flotando en el aire. Y el zapatero caminando por la calle “la Pelota de las Palmas de Gran Canaria (Vegueta)” con paso lento, rumbo a la tienda de pieles, como quien va a una cita importante semanal.

Porque el lunes era su día de abastecimiento. Comprar pieles, elegir suelas, buscar hilos, afilar cuchillas, reponer tachuelas y revisar hormas. Era su “puesta a punto”, su revisión de máquinas, su preparación para la semana.

Y también —no nos engañemos— era su pequeño descanso. Su respiro. Su lunes libre, cuando el resto del mundo corría al trabajo.

Los clientes lo aceptaban sin protestar. Si necesitabas un arreglo urgente, sabías que el lunes no era el día. Y nadie se enfadaba por ello. Era parte del orden natural de las cosas.


“Es cierto que no era solo cosa de Canarias… Pero aquí se convirtió en ley no escrita”

Aunque en Canarias la tradición se convirtió casi en ritual, lo cierto es que “no era exclusiva de las islas”.

En Castilla, Extremadura y Andalucía y Portugal se documenta que los zapateros también dedicaban un día —a menudo el lunes— a reorganizar el taller y comprar material. Pero en Canarias, por la insularidad y por la importancia del Puerto de La Luz como centro de abastecimiento, la costumbre adquirió un carácter especial.

Aquí el lunes era el día del zapatero”, y todo el mundo lo sabía.

Los barcos llegaban con mercancía, los talleres se abastecían, los artesanos se reunían, intercambiaban trucos, comentaban encargos y de paso, arreglaban el mundo. Porque si usted quiere escuchar filosofía de verdad, no vaya a la universidad; vaya a un taller de zapatero. Y si es lunes, mejor aún, que ese día estaban inspirados.


“Un oficio que era arte, y una costumbre que era identidad”

Los zapateros no eran simples artesanos. Eran cirujanos del cuero, escultores de la suela, alquimistas del hilo. Cada zapato era una obra única, hecha a mano, con paciencia y con orgullo.

Por eso el lunes era tan importante, pues era el día en que se preparaban para crear.

Hoy, en tiempos de zapatos hechos en china, en serie y talleres que ya no huelen a cuero, esta costumbre parece un chiste. Pero no lo es. Es parte de nuestra memoria. De nuestra identidad. De esa Canarias que olía a barrio, a puerto a oficio y a conversación larga.


“Una tradición que merece ser contada para que no se pierda”

Escribo estas líneas porque los jóvenes deben saber que hubo un tiempo en que los oficios tenían rituales, y los mayores deben sentir que su memoria sigue viva. Porque las costumbres pequeñas también son historia. Y porque, como decía un viejo amigo mío, cambullonero del Puerto de La Luz —amigo mío y filósofo sin saberlo—: “Julio, lo que yo no conozca, es que todavía no se ha inventado.”

Los zapateros inventaron su lunes. Y nosotros, si no lo contamos, lo perderemos.


“CONCLUSIÓN: LOS LUNES TENÍAN DUEÑO”

Los lunes de los zapateros fueron parte de nuestra cultura. Parte de nuestra forma de vivir. Parte de nuestra identidad.

Ademes, como casi todos pertenecían a bandas de música municipales, les venía muy bien ese dia de descandso después de haber estado tocando en la marquesina de las plazas, aquellos entrañables pasodobles, y algunos utilizaban la tarde del lunes para ensayar; como: “Supliros de España , España cañí , Nerva, El gato Montes, Cielo andaluz, La Gracia de Dios, Paquito el Chocolatero , Valecia o Islas Canarias”, con el cual, por cierto,   mi padre Luis González Pérez, siendo jovencito, ganó un concurso de baile de pasodobles, que se celebró en el Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria y  que como primer  premio recibió un precioso  “jarrón de autentica porcelana china”, que había sido donado para    la ocasión, por la familia  del famoso y benefactor, el  consignatario escoces afincado en Gran Canaria, unido al desarrollo del   Puerto de la Luz, Don Tomas Miller .

Y hoy, que todo va tan rápido, conviene recordar que hubo un tiempo en que los oficios tenían alma, los talleres tenían olor, y los lunes tenían dueño. “los zapateros, sin olvidar jamás qué,… ¡Casos se han dado

¡Qué cosas!


Fdo: 

Julio César González Padrón

Marino Mercante y escritor


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