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| vapor Alfonso XII |
En febrero de 1885, la joya de la Transatlántica encalló frente a las costas grancanarias. Su rescate a 40 metros de profundidad marcó un hito en la historia de la arqueología submarina mundial.
POR Joaquín Santana
TELDE.— La noche del 13 de febrero de 1885 quedó marcada a fuego en la crónica negra de la navegación atlántica. Lo que debía ser un viaje rutinario entre España y Cuba se convirtió en una de las mayores catástrofes marítimas recordadas en la costa de Gran Canaria. El Alfonso XII, un buque de vapor considerado la joya de la Compañía Transatlántica Española, se hundió tras colisionar violentamente contra las rocas frente al Roque de Gando, en el municipio de Telde, dejando tras de sí un halo de misterio, pérdidas millonarias y una hazaña del buceo que daría la vuelta al mundo.
Un error de cálculo en la oscuridad
El vapor había zarpado del puerto de Cádiz con destino a La Habana y realizó su escala en Las Palmas de Gran Canaria. Bajo el mando del experimentado capitán Pedro Viñolas, la nave transportaba a más de 200 personas entre pasajeros y tripulantes, además de un valioso cargamento de mercancías.
Sin embargo, apenas unas horas después de abandonar el puerto grancanario, el destino del transatlántico quedó sellado. Una combinación de oscuridad, fuertes corrientes y una ligera desviación en la ruta aproximaron peligrosamente el barco al litoral teldense. El impacto contra los arrecifes del Roque de Gando fue ensordecedor. El casco se rasgó y el agua comenzó a inundar las máquinas con violencia.
"El pánico se apoderó de la cubierta, pero la cercanía a la costa permitió una evacuación organizada en los botes salvavidas", recogen las crónicas de la época.
Gracias a la rápida intervención de pescadores de la zona y a la templanza de la tripulación, se logró evitar una masacre humana: la práctica totalidad de los pasajeros fue rescatada con vida antes de que la imponente estructura de hierro se sumergiera para siempre en el lecho marino.
El botín sumergido: 100.000 libras en monedas de oro
El naufragio del Alfonso XII no solo conmocionó a la sociedad grancanaria por el peligro vivido, sino por lo que el barco custodiaba en sus entrañas. En lo más profundo de su bodega viajaban diez cajas de madera fuertemente selladas que contenían más de 100.000 libras esterlinas en monedas de oro (el equivalente a decenas de millones de euros en la actualidad), destinadas al pago de la tropa española desplegada en la Guerra de Cuba.
Con el vapor descansando a más de 40 metros de profundidad —un límite infranqueable para la tecnología de la época—, la recuperación del tesoro parecía una causa perdida. Fue entonces cuando entró en escena la aseguradora Lloyd's y el legendario buzo inglés Alexander Lambert.
La hazaña submarina de Alexander Lambert
Equipado con un pesado traje de escafandra de cobre y goma, alimentado únicamente por un tubo de aire manual desde la superficie, Lambert descendió repetidamente a las oscuras y peligrosas aguas de Gando. Enfrentándose a una presión aplastante, visibilidad casi nula y la constante amenaza de colapso de los restos del barco, el buzo británico protagonizó una gesta épica.
- El resultado de la operación: Tras semanas de inmersiones extremas, Lambert logró extraer nueve de las diez cajas de oro.
- El misterio: La décima caja jamás fue recuperada, alimentando durante décadas la leyenda de que parte del tesoro sigue oculto en las arenas de Telde.
Un pecio con historia en las profundidades de Gran Canaria
Más de un siglo después, los restos del Alfonso XII yacen bajo las aguas restringidas de la zona militar de Gando. Lo que en 1885 fue una tragedia que copó las portadas de la prensa internacional, hoy es un valioso yacimiento de arqueología subacuática y un refugio de biodiversidad para la fauna marina de la isla.
El naufragio del Roque de Gando permanece en la memoria colectiva como el día en que la costa de Telde albergó, por un momento, el tesoro más codiciado del Atlántico.

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