Esto también pasa en Telde
Artículo de opinión
Prioridades desordenadas: la paradoja del gasto público
Mientras la intemperie consume la salud y la dignidad de miles de personas, el presupuesto público —nutrido por el esfuerzo de toda la sociedad— fluye hacia destinos que cuesta calificar de urgentes. Asistimos a una paradoja sangrienta: la administración encuentra financiación inmediata para obras faraónicas de dudosa utilidad, campañas de propaganda, reformas de despachos o partidas destinadas al adorno urbano, mientras alega limitaciones de recursos ante la falta de plazas en albergues, comedores o programas de vivienda social.
No se trata de demagogia, sino de una cuestión fundamental de prioridades morales y políticas.
- El dilema de la inversión: ¿Cómo se explica que existan fondos para rescatar sectores económicos o subsidiar proyectos secundarios, pero no para garantizar algo tan elemental como la supervivencia de personas abandonadas en la vía pública?
- Derecho frente a caridad: Un techo, un plato de comida y la atención sanitaria básica no pueden seguir dependiendo de la solidaridad vecinal, las ONGs o la caridad privada. Son derechos humanos fundamentales que el Estado tiene el deber de garantizar. Cuando los gobiernos fallan en lo básico, la estructura social pierde su legitimidad.
- Soluciones estructurales, no parches: Asignar fondos no significa solo abrir albergues para pasar la noche; significa invertir en políticas reales de acceso a la vivienda, asistencia en salud mental y reinserción laboral. La falta de presupuesto no es una fatalidad económica: es una decisión política.

.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario