sábado, 4 de abril de 2026

Sábado Santo en Telde, por Julio González Padrón

Santo Cristo de Telde

Cuando el silencio se convierte en esperanza

Un día suspendido entre el dolor y la promesa

Por: julio César González Padrón

El Sábado Santo siempre llega con un aire distinto, casi detenido. No es un día más en el calendario litúrgico ni en la vida de quienes viven su fe con hondura. Es un día que se respira hacia dentro, donde la ciudad parece contener el aliento. En Telde, ese silencio adquiere un matiz propio, porque aquí la tradición no es un adorno: es memoria viva, es identidad compartida, es un modo de sentir.

Hoy, las calles parecen caminar más despacio. No hay prisas, no hay estridencias, no hay celebraciones. La ciudad se recoge, como si quisiera acompañar a María en su dolor, como si cada piedra del casco histórico recordara que este es el día en que Cristo yace en el sepulcro. Es un luto que no se grita, sino que se lleva con dignidad, con respeto y con una serenidad que solo nace de la fe del teldense.

Telde, como no podía ser de otra manera, vive este Sábado Santo con tristeza, pero también con una esperanza que no se apaga. Porque aquí sabemos que el silencio no es ausencia, sino promesa. Sabemos que la oscuridad de hoy prepara la luz de mañana. Sabemos que la espera no es vacío, sino antesala del milagro.

En cada parroquia, en cada ermita, en cada hogar donde una vela permanece encendida, late la misma certeza y es que, la muerte no tiene la última palabra. Y aunque hoy la ciudad se vista de luto, en su interior se va gestando una alegría contenida, una alegría que mañana estallará en forma de campanas, de incienso, de Pascua.

Este día nos invita a detenernos, a mirar hacia dentro, a reconciliarnos con nuestras propias sombras. Nos recuerda que todos, en algún momento, atravesamos nuestros propios Sábados Santos; esos días en los que parece que todo se ha detenido, en los que el dolor pesa más que la esperanza, en los que la vida parece haberse quedado quieta. Pero también nos recuerda que ninguna noche es eterna, que siempre hay un amanecer esperando, que la Resurrección no es solo un acontecimiento litúrgico, sino una forma de entender la vida.

La Semana Santa en Telde no es reciente ni improvisada. Desde tiempos antiguos, nuestras cofradías, nuestras parroquias y nuestras familias han tejido una tradición que ha sobrevivido a los siglos. Las imágenes que hoy veneramos han sido testigos de generaciones enteras que, como nosotros, han llorado el Viernes Santo y han esperado en silencio este día. En San Juan, en San Gregorio, en San Francisco, o en cada templo de nuestro municipio, la historia se mezcla con la fe, y el pasado se hace presente en cada gesto de devoción.

En medio de este silencio, resuena una frase que acompaña a los creyentes desde hace siglos, una promesa que sostiene incluso cuando todo parece perdido:

“No está aquí; ha resucitado.” (Lucas 24:6)

Hoy todavía no la escuchamos en plenitud, pero ya late en el corazón de quienes esperan. Es la frase que mañana llenará de luz nuestras iglesias y nuestras calles. Es la certeza que transforma el dolor en esperanza.

En este Sábado Santo, Telde habla desde el silencio. Y en ese silencio, habla de fe, de memoria, de comunidad. Habla de un pueblo que acompaña, que siente, que cree. Habla de un Dios que, aun en el sepulcro, sigue siendo promesa de vida.

Hoy, cada uno de nosotros lleva su propio luto, su propia espera, su propio silencio. Pero también llevamos dentro la misma esperanza que ha sostenido a nuestro pueblo durante siglos. Mañana, cuando la luz de la Pascua vuelva a iluminar nuestras vidas, comprenderemos que este silencio no fue vacío, sino semilla que germina en tierra fértil como la teldense.

Porque Telde sabe esperar. Y quién sabe esperar, sabe resucitar.


¡Qué cosas!


Fdo. Julio César González Padrón


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