miércoles, 1 de abril de 2026

¡Quien con buen Norte navega, seguro va y contento viene!

Don Julio González Padrón  y Don Gustavo González Rosales

                                                   

Por: Julio César González Padrón

El pasado martes 31 de marzo quedó marcado como uno de esos días en los que el tiempo parece detenerse para rendir homenaje a la memoria, la amistad y la mar. El encuentro tuvo lugar en el histórico Club Victoria, un enclave cargado de tradición en Las Palmas de Gran Canaria, que sirvió como escenario perfecto para una entrañable comida de hermandad marinera.

Lob@s del mar

Allí nos dimos cita antiguos “lobos de mar” y “una loba, oficiales de la Marina Mercante pertenecientes a las tres especialidades: Puente, Radio y Máquinas. Todos formados en le década de los 80/90 como marinos en la recordada Escuela de Náutica de Santa Cruz de Tenerife, que durante décadas forjó generaciones de profesionales que surcaron los océanos del mundo.

Puente, Radio y Maquina

En total, 37 hombres y una mujer, Mercedes Marrero, quien ostenta el honor de haber sido la primera mujer canaria en obtener el título de Oficial de la Marina Mercante.     Su presencia no solo aportó un toque de orgullo y admiración, sino también ese aire de historia viva que pocas veces puede reunirse en una misma mesa.

La jornada transcurrió entre risas, abrazos largos —de esos que solo se dan tras muchos años sin verse— y un sinfín de anécdotas que iban y venían como olas en pleamar. Historias de travesías imposibles, temporales que parecían no terminar nunca, puertos lejanos con nombres casi olvidados y, cómo no, relatos de aquellos “amores de puerto” que siempre arrancan sonrisas cómplices y miradas picarescas.

No faltaron las bromas sobre quién tenía entonces más pelo, quién era el más joven en embarcarse o quién exageraba más sus hazañas (aunque, como bien saben los marinos, toda buena historia merece un poco de viento a favor). Entre brindis y recuerdos, se recrearon escenas de guardias nocturnas, camarotes compartidos y esa hermandad silenciosa que solo se forja en la mar.

Pero también hubo momentos de recogimiento. Porque en cada mesa, en cada conversación, estuvieron presentes —aunque ya no físicamente— aquellos compañeros que emprendieron su última singladura. Sus nombres surgieron con respeto, acompañados de silencios llenos de significado y miradas al horizonte, como si aún pudieran divisarse en la lejanía.

La comida no fue solo un reencuentro, sino un viaje emocional a través del tiempo. Un recordatorio de que, aunque los años pasen y las rutas cambien, hay lazos que permanecen inquebrantables, como las viejas cartas de navegación, donde siempre marcabas el rumbo de regreso a casa.

El acto, acompañado de este reportaje fotográfico que sin duda capturó la esencia del momento, deja constancia de algo más que una reunión fue una celebración de vidas intensamente vividas, de mares cruzados y de amistades que, como el océano, no conocen fronteras ni olvidos.

¡Hasta siempre amigo! …. “A la mar me voy, mi obra ya te dirá quién soy”

¡Qué cosas!


Fdo; Julio Cesar González Padrón

Marino Mercante y Escritor



















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