martes, 10 de febrero de 2026

Cuba una Isla hermana sitiada, Dos poderes, un solo rehén

 

Canarias- Cuba


Por Julio C. Glez. Padrón

Artículo de opinión

Vaya por delante que soy un férrimo luchador contra todo tipo de dictadura, ya sean de derechas o de izquierdas, y más cuando afectan o la sufren pueblos hermanos como es el caso de nuestra querida Isla de Cuba, que tanto significó para los canarios durante el siglo XIX y gran parte del XX.

Pero dicho lo anterior, con la misma fuerza y convencimiento mantengo mi postura de profundo agradecimiento por las actuaciones llevadas a cabo desde USA y bajo el mandato de un “rubio pistolero del salvaje oeste americano” como es Donal Trump, al que miren por donde y siempre con mis reservas democráticas, hoy aplaudo esa lucha que parece llevar a cabo contra todas las dictaduras del mundo. Eso sí; sin ocultar que, la misma solo le motiva, cuando son dictaduras que no le son afines, dejando ver que, claramente y sin sonrojarse que para él existen dos tipos de dictaduras; “las buenas o las malas”  

Pero por desgracia en Cuba, la geopolítica no se discute en conferencias: se sufre en la cocina vacía, en el apagón que interrumpe la noche, en la farmacia donde el medicamento “no entra” desde hace meses. Allí, lejos de los despachos donde se diseñan estrategias y se pronuncian discursos grandilocuentes, vive el verdadero protagonista del conflicto: una población convertida en rehén de decisiones que no toma el pueblo llano; por cierto, pueblo que en su gran parte lleva sangre española y más concretamente canaria.

El gobierno cubano mantiene un sistema que restringe libertades políticas, persigue la disidencia y cierra el paso a la alternancia. Esa es una realidad documentada y difícil de negar. Pero otra realidad, igual de tangible, es que la política de sanciones de Estados Unidos, inventada por Kenedy, resucitada ahora para su puesta en práctica por Donal Trump y presentada durante décadas única palanca para alcanzar la democratización de la Isla, ha terminado incrustándose en la vida diaria de millones de personas que no ocupan cargos ni escriben consignas. Personas de la calle, como usted y yo. Campesinos que solo pretenden ganarse el pan con el sudor de su frente, estudiantes deseosos de formarse, para prosperar a en la vida o cualquier otra persona, que eso del “paraíso comunista, ya no se lo tragan ni con un vaso de “agua de Firgas sin gas”

La teoría USA prometía asfixiar al poder, pero lo único cierto es que la práctica ha golpeado, sobre todo a la sociedad civil.

Sesenta años después, el resultado obliga a preguntar en voz alta lo que, durante mucho tiempo se dijo en susurros: ¿Cuánto sufrimiento civil es aceptable en nombre de un objetivo político que nunca llega y al parecer tampoco llegará nunca? ¿En qué momento la presión se transforma en castigo colectivo?

Washington (Donal Trump), argumenta que no puede ceder ante un régimen autoritario, y que aliviar el embargo sin cambios equivaldría a legitimarlo. La Habana responde que todas sus penurias provienen del cerco exterior. Entre ambas posiciones, férreas y previsibles, queda atrapada una verdad más compleja: las sanciones existen, pero también existen la mala gestión, la corrupción, la falta de transparencia y el miedo a abrir el sistema.

El choque beneficia a los gobiernos porque ordena el relato. Para uno, la culpa siempre viene de afuera. Para el otro, la dureza es una demostración de principios. 

Lo que rara vez ocupa el centro del debate, es la vida concreta de quien hace colas interminables, sobrevive con salarios mínimos o se despide de sus hijos que emigran y se levanta y acuesta “jodido de federad” y además, posiblemente sin ni siquiera cenar caliente.

La política se vuelve entonces una partida resistente al fracaso. Pase lo que pase, los líderes continúan. Quien cambia es la demografía de la isla, vaciada lentamente por la desesperanza.

La gran denuncia es esta: después de más de medio siglo, nadie puede alegar sorpresa. Se sabe que la estrategia no ha producido el cambio prometido. Se sabe que el gobierno cubano utiliza la confrontación como escudo. Se sabe que la población carga el peso mayor. Y, aun así, el mecanismo persiste ¡Lamentable! Y no por desconocimiento sino por cálculo.

Tal vez haya llegado el momento de medir el éxito no por la firmeza del discurso, sino por el bienestar real de las personas. Porque cuando la épica sustituye a la comida, y la soberanía o la libertad no logran traducirse en derechos palpables, algo ha fracasado, y ese fracaso tiene rostro con nombres y apellidos; el de los cubanos que despiertan cada día en una Isla donde los poderosos disputan, pero el precio, que siempre lo pagan el mismo; el sufrido pueblo llano hermano cubano. Es entonces cuando te sabrás llegado el momento de enseñar y poner sobre la mesa tus atributos masculinos que por herencia isleña posees y decir ¿Basta! ¡Hasta aquí hemos llegado compañero!


Para terminar, me quiero dirigir a mis valiente y queridos hermanos cubanos amantes de la libertad, con una expresión canaria: ¿Dónde fue cristiano, que se le apagó el farol? ¡Habíate ya cubanito hermano! Y no te me pongas con la corcova para detrás, que tampoco es mucho lo que te pido; no olvides que con la cuchara que coges, comes y no sigo, porque ya me conoces y si pego a hablar… ¡Vemeria purísima! … No hay vela que aguante este entierro, compadre. Jajajajaja 

¡Qué casas!


Fdo. Julio César González Padrón

Marino Mercante y Escritor


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