Según un nuevo estudio, para una especie de calamar el dolor puede significar la diferencia entre la vida y la muerte, porque les induce, cuando son heridos, a actuar de formas determinadas para sobrevivir al ataque de sus depredadores.
El hallazgo podría ayudar a explicar por qué otros animales, incluidos los humanos, experimentan dolores duraderos y crónicos.
Ya se sabe que el dolor hace que los animales traten de protegerse, puesto que enseña al organismo a evitar situaciones que lo provocan. Parece evidente, pero no se había probado hasta ahora.
Según el estudio publicado recientemente, la sensibilidad con la que el calamar herido reacciona ante la agresión de un depredador, en este caso, meros negros, le ofrece mayores posibilidades de sobrevivir a un ataque.
Para ello provocaron una lesión menor, común en calamares salvajes, en veinte especímenes cortándoles la punta de un brazo a cada uno, induciendo así un estado de hipersensibilidad en los animales.
Los expertos querían asegurarse de que ese estado es el que afecta al comportamiento del calamar herido y no la pérdida provocada por el daño, así que hirieron a otro grupo de 16 ejemplares, pero aplicándoles antes anestesia local, con lo que no sufrirían el daño hasta pasadas seis horas.
Crook y su equipo comprobaron que los meros negros buscaban preferentemente a los calamares heridos y al sentirse atacados, ambos grupos de animales heridos registraron menores tasas de supervivencia que los que no habían recibido ningún daño. Sin embargo, aproximadamente el 45 % de los calamares que no recibieron anestesia sobrevivieron a los ataques, mientras que menos del 25 % de los anestesiados sobrevivieron.
Cuando están heridos, «corren peligro de muerte y necesitan algo para enfrentarse a ello», declara Crook. El estado de hipersensibilidad parece ser la respuesta que necesitan.
Según la experta, otros invertebrados parecen experimentar un estado de hipersensibilidad similar después de recibir heridas, por lo que podría tratarse de un fenómeno más extendido de lo que se piensa.
En las personas, el dolor duradero se considera, por lo general, algo negativo, en opinión del neurobiólogo Edgar T. Walters, que cree que el nuevo estudio nos recuerda que el dolor crónico probablemente tuviera una función para nuestros ancestros, y ha persistido a pesar de siglos de evolución.
Se desconoce si los invertebrados sienten el dolor de la misma forma que las personas. La nocicepción, la habilidad de detectar un estímulo dañino y reaccionar ante él sin que necesariamente haya una sensación que lo acompañe, es, según explican los expertos, información sensorial, igual que el sonido, y el dolor es la interpretación de esa información.
Según el experto Robert Elwood, de la Universidad Queen’s de Belfast (Irlanda del Norte), «los autores del nuevo estudio se muestran cautos y no afirman que el calamar sienta dolor. Sin embargo, los datos parecen apoyar esa idea».
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