MARÍA VACAS SENTÍS
Soy periodista pero no soy neutral. Hoy menos que nunca. Porque si por neutral entendemos mantener una supuesta equidistancia entre sectores o clases sociales en disputa, dando el mismo tratamiento a opresores y oprimidos, a poderosos y empobrecidos, no puedo serlo; me es imposible. Porque, ¿cómo podría observar con la misma mirada a quienes desahucian, tijeretean derechos, a los terroristas de chaqueta y corbata, colaboracionistas que avalan con su voto que niños y ancianos pasen en sus casas hambre y frío, a quienes se enriquecen con la crisis-estafa; que al ejército de trabajadores precarios y desempleados, a los inmigrantes asesinados en la frontera, o a las familias que pierden su hogar a manos de los bancos?
El historiador Paul Preston dijo: “no puede existir la objetividad ni la ecuanimidad. No se puede tratar al asesino y al asesinado, o al violador y a la violada como si fuesen iguales”. Y yo lo suscribo; más cuando vivimos tiempos críticos, tiempos de guerra encubierta, que hacen palidecer la cómoda ambigüedad de los tonos grises, tiempos que obligan a tomar partido. Sucede además que las palabras son por naturaleza connotativas, no tienen significado unívoco. Cada verbo, cada sujeto, situado en una u otra posición, en una frase, en función del contexto, cobra un sentido u otro, apoya una versión de los hechos o la contraria, por la fuerza de los matices casi subliminales del idioma. Vemos las cosas a través del filtro de nuestros valores y forma de entender el mundo. Y no hay fraude peor al lector o a la audiencia que disfrazar de falsa neutralidad un relato sesgado de los hechos.
fuente : http://www.marisolayala.com/

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