YERAY SOCORRO Y LA CLAVE
De tanto en cuanto me cocino una sabrosa "sopa Borsch"; receta que ha dado al mundo Ucrania.
José Antonio Cabrera. ASSOPRESS
![]() |
| Don julio marino mercante |
Por: Julio C. Glez. Padrón
Artículo de opinión
La reciente firma de un nuevo acuerdo entre España y Reino Unido sobre Gibraltar ha vuelto a reabrir una herida histórica que nunca terminó de cicatrizar. La supresión de la Verja —símbolo físico y emocional de un conflicto tricentenario— se ha presentado como un gesto de modernidad, cooperación y pragmatismo. Pero para muchos españoles, lejos de generar entusiasmo, ha provocado inquietud. Y no es para menos.
Porque la pregunta no es solo qué se ha acordado. La pregunta es qué se ha dejado fuera.
El anacronismo pendiente
En pleno siglo XXI, resulta difícil explicar que en el corazón de Europa siga existiendo un territorio bajo soberanía británica cuya condición deriva del Tratado de Utrecht de 1713. La descolonización ha sido uno de los grandes procesos políticos del último siglo, impulsado por resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas que abogan por poner fin a las situaciones coloniales. Y, sin embargo, Gibraltar permanece como una anomalía histórica aceptada con resignación.
Cuando Reino Unido devolvió Hong Kong a China en 1997, el mundo asistió a un gesto que reconocía el fin de una era imperial. ¿Por qué Gibraltar parece quedar fuera de esa lógica histórica? ¿Por qué España no logra siquiera situar el debate de la soberanía en el centro de la conversación internacional?